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La vuelta al Pirineo en 80 días. Etapas del GR11 (33 a 36)


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1.- Índice - Index

2.- Introducción - Introduction

3.- Las etapas - Les étapes

4.- Medios de Comunicación - Médias

5.- Enlaces de interés - liens d´intérêt

6.- Agradecimientos - Remerciements
* En Gerona
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* En Navarra
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33ª ETAPA: ORBAIZETA - BURGUETE


Tiempo: 6 h.
Kilómetros: 20
Dificultad: baja (atentos a las marcas cerca del collado de Irubieta)


Pirineo Pirineos
Camino de Santiago
Han pasado ya muchos días desde que llegué a Orbaizeta, casi una eternidad. Entre idas y venidas a Pamplona y alguna peregrinación desde la habitación al restaurante casi he olvidado qué es lo que me trajo hasta aquí. El dolor de la pierna va remitiendo poco a poco, no parece que tenga mucha prisa en abandonarme, el sol sonríe a lo lejos, sobre las montañas. Es hora de intentarlo, tengo que seguir camino para recuperar mi ser.

Inseguro y torpe como un niño que comienza a dar sus primeros pasos, recuerdo cómo se siente la mochila sobre la espalda, lentamente voy probando cómo se adapta mi caminar. Por primera vez desde que comenzó la travesía doy gracias de que la pista esté asfaltada. Paso la antigua fábrica de armas y asciendo lentamente entre el bosque. Llegado un punto los árboles desaparecen y las colinas muestran sus peladas cumbres verde esmeralda, las nubes dibujan trazos apresurados contra el cielo azul. Hincho mis pulmones, ahora recuerdo, sí, sé perfectamente por qué estoy aquí. Súbitamente me siento pleno de energía y una sonrisa de felicidad recorre mi cara. Estoy siguiendo mi camino; no sé hasta dónde me llevará pero hoy es sólo eso lo que importa.

A media ladera un grupo de vacas le dan un toque bucólico al paisaje, algunas están tumbadas sobre la hierba, otras me miran curiosas intentando descubrir mis intenciones. Un macho joven se planta frente a mí, levanto uno de los bastones para prevenirle de que estoy armado, retrocede unos pasos pero sigue enfrentando mi mirada, desafiante. Sus cuernos están bastante más afilados que mis bastones y además él dispone de cuatro patas y yo hago lo que puedo con una y media. Sopeso mis posibilidades, a mi alrededor no hay burladeros, vuelvo a esgrimir mis lanzas con más intención; no hay respuesta. Quizás sólo sea curiosidad, pero decido concederle la victoria moral y doy un pequeño rodeo argumentando ante mi conciencia que no estoy en condiciones de comenzar los “sanfermines”.


Pirineo Pirineos
Descanso del peregrino
En el collado de Irubieta se vuelve a poner de manifiesto el absurdo problema de la descatalogación de la senda transpirenaica en la comunidad Navarra. Unos momentos de duda, unas consultas al mapa que me hacen ir y venir hasta encontrar el camino correcto. Casi sin dar tiempo, la senda pasa de hacer sentir al caminante que está sólo y perdido a unirse al tramo del Camino de Santiago, por donde circulan cientos de almas, cada una con su sueño a la espalda.

Aprovecho la superpoblación para charlar con algunos de los peregrinos. Un grupo de la universidad de Standford ha venido a recorrer algunos tramos cómodamente, una pareja rumana tiene intención de llegar a Santiago en no más de treinta días; y entre toda esa riada humana que navega hacia Roncesvalles, camina contracorriente la figura de un peregrino inverso. “¿Tú estás haciendo la GR-11?” -le asalto- y después del consiguiente intercambio de información caemos en la cuenta de que nos estábamos esperando. Él es el Piri, un madrileño asiduo de la página desde que todo esto empezó. Nos damos consejos para lo que vamos a encontrar y nos deseamos mucha suerte para lo que resta de camino ¿Quién sabe? Quizás nos crucemos de nuevo a orillas del Mediterráneo. Mucha suerte Piri, que consigas realizar tu sueño y que los apus te acompañen en tu caminar.


33ème ETAPE ORBAIZETA-BURGUETE.


Pirineo Pirineos
Vaquitas
Le temps a passé depuis que je suis arrivé à Orbaizeta, presque une éternité. Entre les allers-retours à Pampelune, et quelques pélerinages de la chambre au restaurant, j´avais presque oublié ce qui m´a amené jusqu´ici. La douleur dans ma jambe s´estompe peu à peu, on ne dirait pas qu´elle soit très pressée de m´abandonner, le soleil sourit au loin sur les montagnes. C´est l´heure d´essayer il faut que je continue mon chemin pour me retrouver avec moi même.

Peu sûr de moi et maladroit comme un enfant qui apprend à marcher, je me rappelle la sensation du sac sur mon dos et, lentement, je fais des essais pour voir comment s´adapte ma marche. Pour la première fois depuis que j´ai commencé la traversée, je me réjouis de marcher sur une piste goudronnée. Je passe la manufacture d´armes et monte lentement par la forêt. À un moment, les arbres disparaissent et les collines montrent leurs sommets vert émeraude pelés, les nuages forment des tracés pressés contre le bleu du ciel. Je gonfle mes poumons, maintenant je me rappelle, oui, je sais parfaitement pourquoi je suis là. Subitement, je me sens plein de forces et un sourire d´énergie et de bonheur se dessine sur mon visage. Je continue mon chemin, je ne sais pas jusqu´où il me mènera mais ce n´est pas ça qui compte.

Sur le flanc de la montagne, un troupeau de vaches donne une touche bucolique au paysage, certaines sont allongées sur l´herbe, d´autres me regardent avec curiosité, essayant de deviner mes intentions. Un jeune mâle se plante devant moi, je lève un de mes bâtons pour lui montrer que je suis armé, il recule de quelques pas mais il continue à soutenir mon regard, d´un air de défi. Ses cornes sont beaucoup plus afilées que mes bâtons et lui, il a quatre pattes mais moi…. je fais ce que je peux avec une patte et demi. J´évalue mes posibilités. Autour de moi il n´y a rien où me réfugier, je dégaine à nouveau mes lances, plus sûr de moi. Pas de réponse. Peut-être que c´est juste de la curiosité mais je décide de lui donner la victoire morale et je fais un petit détour, conscient que je ne suis pas en condition de commencer les fêtes de Pampelune.

Sur le col de Irubieta, resurgit le problème absurde du mauvais état du sentier transpyrénéen en Navarre. Des moments de doute, un coup d´oeil à la carte qui me font aller et venir jusqu´à ce que je trouve le bon chemin. Presque immédiatement, le sentier emprunté par le voyageur perdu et solitaire rencontre le Chemin de Saint Jacques, par lequel transitent des centaines de personnes, chacune avec un rêve sur les épaules.

Je profite de la surpopulation pour parler avec quelques pélerins. Un groupe de l´Université de Standford est venu faire commodément quelques étapes, un couple de Roumains a l´intention d´arriver à Saint Jacques en trente tours au plus, et parmi tout le flux de gens qui se dirige vers Roncevaux, il y a un pélerin qui, lui, va à contre-courant. “¿Vous faîtes le GR-11?” –lui dis-je- et après avoir échangé des informations, nous nous rendons compte que nous nous attendions. Lui c´est el Piri, un madrilène, assidu à www.pirineos.com depuis que la traversée a commencé. Nous nous donnons des conseils pour ce qui nous reste de chemin. Qui sait? Peut-être que nous nous croiserons à nouveau au bord de la Méditerranée. Bon courage Piri, que tes rêves se réalisent et que les apus t´acoompagnent sur le chemin.


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34ª ETAPA: BURGUETE - ELIZONDO


Tiempo: 11 h.
Kilómetros: 33 (más alguno de regalo)
Dificultad: alta; es difícil seguir algunos tramos, especialmente si se echa la niebla.


Pirineo Pirineos
GR11 navarro
A la llegada a Roncesvalles hago un pequeño alto en el camino para contagiarme del espíritu del peregrino de Santiago. Siempre he pensado que no haría el camino, pero ¿quién sabe? Quizás sea solo cuestión de encontrar la época del año más propicia o la motivación oportuna. Mi cabeza barrunta posibilidades que quedarán archivadas en mi pequeño cajón desastre de cosas pendientes.

De Roncesvalles a Burguete hay un pequeño paseo que cubro separado de la ruta principal. De momento prefiero la soledad de la GR-11 a la masificación del peregrinaje.

En el Hostal Burguete me proporcionan todo lo que necesito para cuidar mi pierna; y a la noche disfruto de una exquisita cena mientras converso con Iñaki:
-¿Entonces cuál es el problema de la GR-11 en Navarra?
-Parece ser que la Federación de montaña Navarra hace ya unos años que no recibe subvención del gobierno Foral y decidieron descatalogar el sendero.
-Yo hace más de dos años que conozco la situación ¿y aún no le han puesto remedio?
-Ahora dicen que han llegado a un acuerdo y que este año habrá dinero, se comenta que ya están buscando voluntarios para empezar a marcar.
-¿Voluntarios? ¡No te puedo creer! –le digo– entonces ¿para qué necesitan el dinero, para pintura? Voluntarios han sido los que han ido marcando la senda por su propia iniciativa hasta ahora, ¿no? En fin, seguro que algo se nos escapa, no puede ser tan desastroso.


Pirineo Pirineos
Cariño matinal
Comienzo de buena mañana porque la jornada es larga y voy prevenido con el especial mal estado de las marcas en este tramo. Los primeros metros los hago junto a Martin un alemán afincado en Nueva York, me cuenta cosas interesantes sobre la vida en la tierra prometida –para algunos– y antes de que pueda rebatir sus ideas su camino toma dirección a Santiago y el mío a un laberinto. Al principio todo va bien y sigo la senda sin dificultad; pero conforme la senda se convierte en pradera y las marcas en un producto de primera necesidad, la orientación es cada vez más difícil en el entramado de pistas y de carreteras que no aparecen en mi mapa. Retrocediendo, desandando continuamente el camino al final consigo llegar al puerto de Urkiaga dos horas más tarde de lo que estaba previsto. No es una cuestión de horario, simplemente si me vuelvo a extraviar camino de Elizondo es posible que se me haga de noche en el monte; la tendinitis que arrastro me impide acelerar mi paso. Me resigno, tomo aire, me abrazo a un árbol para que me dé energía y me intento concentrar en las instrucciones que me han dado dos leñadores; aunque es bastante complicado sin conocer los nombres de los montes del lugar. Camino con mucha más precaución que en la primera mitad de la etapa y voy encontrando la senda a veces por mera intuición, a veces con la sospecha de que es la senda la que me encuentra a mí. Sin poder disfrutar del bonito paisaje ni del clima benigno que ha reinado durante el día, llego a Elizondo maldiciendo la negligencia de los responsables de que una senda de la importancia y la belleza de nuestra transpirenaica esté descatalogada desde hace varios años. Escaso favor le hacen a Navarra con la pobre imagen que se llevan ingleses, canadienses, estadounidenses, neozelandeses, polacos, japoneses, holandeses, alemanes...¿será que con los toros hay bastante?, ¿o quizás es porque no vale la pena mantener una senda como esta?. Total de lo más lejos que llegan es de Nueva Zelanda y Australia...

Mi más sincero agradecimiento a los particulares que voluntariamente han ido marcando algunos tramos; sin vuestro trabajo yo aún estaría en Isaba; o habría tomado un autobús para saltarme, muy a mi pesar, la belleza de esta tierra.


Pirineo Pirineos
Puesta de sol
34ème ETAPE: BURGUETE-ELIZONDO.

À mon arrivée à Roncevaux, je fais une petite halte pour m´imprégner de l´esprit du Chemin de Saint Jacques. J´ai toujours pensé que je ne ferai pas le Chemin. Mais, qui sait? Peut-être qu´il faut juste trouver l´époque de l´année la plus propice à ce voyage, ou la motivation opportune. Je garde toutes ces posibilités dans le coin de ma tête réservé aux choses qu´il me reste à faire.
De Roncevaux à Burguete, il y a un bout de chemin que je fais éloigné de la route principale. Pour le moment, je préfère la solitude du GR-11 a la massification du pélerinage.

À l´ Hostal Burguete, on me donne tout ce dont j´ai besoin pour soigner ma jambe, et, le soir, je profite d´un excellent repas tout en conversant avec Iñaki.
- C´est quoi alors le problème du GR-11 en Navarre?
- Il semble que cela fait déjà quelques années que la fédération de montagne de Navarre ne reçoit aucun subside du gouvernement de Navarre et ils ont décidé de retirer le GR des cartes et guides du fait de son piteux état.
- Ça fait plus de deux ans que je suis au courant de cette situation… ça ne s´est pas encore arrangé?
- Maintenant ils disent qu´ils se sont mis d´accord et que, cette année, il y aura des fonds, on dit qu´ils cherchent des volontaires pour commencer le marquage.
- Des volontaires? Je ne peux pas le croire. –lui dis-je– dans ce cas, pourquoi est-ce qu´ils ont besoin de l´argent, pour la peinture? Ce sont bien des volontaires qui ont pris l´initiative de marquer le chemin jusqu´à présent, non? Enfin, il y a sûrement quelque chose qui nous échappe, la situation ne peut pas être aussi désastreuse.

Je commence de bon matin car la journée va être longue et je suis prévenu que cette étape est très mal marquée. Je marche mes premiers mètres avec Martin, un allemand qui vit à New York, il me raconte des anecdotes intéressantes sur la vie en terre promise –pour certains– et avant de pouvoir réfuter ses idées, nos chemins bifurquent: le sien vers Saint Jacques de Compostelle, et le mien vers un labyrinthe. Au début, tout va bien et je suis le sentier sans difficultés, mais, au fur et à mesure, le sentier devient prairie et les marques un produit de première nécessité, s´orienter devient chaque fois plus difficile dans l´entrelacement de pistes et de routes qui n´apparaissent pas sur ma carte. Je reviens sur mes pas, refait, jusqu´au bout et à longueur de temps, le chemin à l´envers. J´arrive enfin au col de Urkiaga, deux heures plus tard que prévu. Ce n´est pas une question d´horaires, simplement, si je continue à me perdre sur le chemin d´Elizondo, il est posible que la nuit tombe alors que je suis encore en montagne, et la tendinite dont je souffre ne me permet pas d´accélérer le pas. Je me résigne, respire fort, m´accroche à un arbre pour qu´il me transmette son énergie et j´essaye de me concentrer sur les instructions que m´ont données les bûcherons, même si c´est assez diffcile sans connaître les noms des montagnes du lieu. Je marche beaucoup plus précautionneusement que lors de la première moitié de l´étape et je trouve le sentier parfois par simple intuition, parfois animé du doute que c´est le sentier qui m´a trouvé et non pas l´inverse. Sans pouvoir profiter du beau paysage, ni du temps agréable qu´il a fait pendant toute la journée, j´arrive à Elizondo en maudissant la négligence de ceux qui sont responsables d´avoir fait disparaître des cartes depuis déjà plusieurs années, un sentier de l´importance et de la beauté de la Grande Randonnée. C´est faire bien peu d´honneurs à la Navarre, car c´est l´image que gardent tous les Anglais, les Canadiens, les Américains, les Néo Zélandais, les Polonais, les Japonais, les Allemands… qui viennent la visiter. Parce que, question image, on dirait que ça suffit avec la corrida. Qu´importe? Les touristes ne viennent pas de si loin, juste de Nouvelle Zélande et d´Australie…

Je voudrais remercier du fond coeur les particuliers qui, volontairement, ont marqué certaines parties du GR. Sans votre travail, je serais encore à Isaba, ou j´aurai pris un bus et aurait évité, à regret, de passer par ces belles terres.


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35ª ETAPA: ELIZONDO - BERA DE BIDASOA


Tiempo: 8 h.
Kilómetros: 30
Dificultad: baja


Pirineo Pirineos
Robles
Mi llegada tardía a Elizondo condiciona mis horarios. Me acuesto tarde y necesito descansar; así que me levanto bien entrada la mañana. Fuera llueve intensamente, lo que me contagia cierta parsimonia a la hora de preparar mis cosas. Desayuno con calma, mirando de reojo por la ventana, otro café, cualquier cosa que retrase mi salida para evitar el remojón. Me vuelven a contar relatos de gente extraviada; me hablan de un brasileño, de una pareja de catalanes con sus niñas; sospecho que la lista es larga.

Las nubes, cansadas de hacer su trabajo me dan un respiro y aprovecho para comenzar el día. Me cruzo con un paseante, le pregunto por el inicio de la senda, “¿qué vas a esquiar?”. Descolocado por su pregunta intento adivinar la expresión que se esconde tras las gafas de sol. “Te lo has pasado bien esta noche, ¿eh?”. Le invito a que se una a mí para que le dé un poco el aire pero él tiene otros planes. Sigo mi camino, un espantapájaros me muestra sus ropas último modelo, está buscando un cerebro y yo imagino que no andará muy lejos el que anoche llevaba mi amigo el de las gafas de sol.

La maraña de pistas se va alejando poco a poco de Elizondo; a ratos por el bosque, a ratos entre los helechos. Encuentro un roble en un recodo del camino y me siento a su lado a conversar con él. Los robles son sabios, pero mucho más sobrios que sus primos del costado Mediterráneo. A lo mejor es por el clima que los alcornoques son más dicharacheros; esta humedad se le mete a uno entre las vetas. Más adelante los árboles cubren sus cuerpos con una gruesa capa de verde musgo que les da un aspecto como de estar en casa con zapatillas y la bata de franela.


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Patxi
Poco antes de llegar al collado de Esquisaroy cae una tromba de agua que da sentido a tanto verdor del paisaje, curvo mi espalda como he observado que hacen los robles e intento asumir su misma actitud resignada; sólo espero que no me crezca musgo en las piernas. Los cruces de pistas se suceden; aliviado compruebo que el camino está bien marcado y voy avanzando sin dificultad. En la distancia el cielo se abre poco a poco y un inmenso claro azul acaba con las lluvias. Desde el collado de Nabarlatz se divisa el mar. Una sensación de alegría llena mi cuerpo; por fin, desde hace más de cuarenta días, empiezo a vislumbrar la posibilidad de contarle al océano los secretos que me confesó su hermano pequeño aquel día de viento en el que me agaché a su orilla para que me susurrara al oído.

En el puerto de Lizarrieta me siento a tomar un café y reposar ligeramente mis cansadas piernas antes de emprender el último tramo. En un cruce de caminos sin marcas aparentes Patxi me da alcance con sus dos perros. Patxi está jubilado pero camina como si se preparara para una maratón. Me cuenta cuando iba a Huesca a cazar, para qué se usan los helechos que crecen por esta zona y me cuenta su vida en el caserío. Aunque jubilado, Patxi no tiene tiempo de aburrirse; y cuando lo hace sale al monte para cansar un poco a los perros. A los perros y a cualquiera que camine a su lado.

Bera aparece en la distancia anunciando el final de otro largo día de marcha. Es curioso, probablemente es lo mismo que ha pensado mi primer encuentro de la mañana.


Pirineo Pirineos
Caserío navarro
35ème ETAPE ELIZONDO-BERA DE BIDASOA.

Mon arrivée tardive à Elizondo conditionne mes horaires. Je me couche tard et j´ai besoin de me reposer alors je fais la grasse matinée. Dehors, il pleut intensément, ce qui me donne une certaine parcimonie au moment de préparer mon sac. Je déjeune calmement, jette un coup d´oeil par la fenêtre, un autre café, n´importe quoi pour retarder mon départ et éviter de me mouiller. On me raconte à nouveau des histoires sur des gens qui se sont égarés, un Brésilien, un couple de Catalans avec leurs enfants… je pense que la liste est longue. Les nuages, fatigués de faire leur travail, me laissent souffler un peu et j´en profite pour commencer ma journée. Je croise un passant, lui demande où commence le sentier. “Vous allez skier?”. Éberlué par sa réponse, j´essaye de deviner l´expression qui se cache derrière ses lunettes de soleil. “Vous vous êtes bien amusé hier soir, non?” Je l´invite à se joindre à moi pour qu´il respire un peu d´air frais mais il a d´autres plans. Je continue ma route, un épouvantail exhibe ses habits à la dernière mode. Il cherche un cerveau, je suppose que celui que portait hier soir mon ami aux lunettes de soleil ne doit pas être loin.

L´enchevêtrement de pistes s´éloigne peu à peu d´ Elizondo; passant par moment par la forêt, par moment au milieu des fougères. Je rencontre un chêne au détour d´un chemin et je m´assieds à ses côtés pour parler avec lui. Les chênes sont sages, mais beaucoup plus sobres que leurs cousins méditerranéens. Peut-être que le climat fait que les bouleaux sont plus bavards, cette humidité vous glace les nervures. Un peu plus loin, les arbres recouvrent leur corps d´une épaisse couche de mousse verte qui leur donne un air casanier, comme s´ils étaient chez eux en pantoufles et en robe de chambre.


Pirineo Pirineos
Cantábrico
Peu d´avant d´arriver au col d´ Esquisaroy, je suis reçu par une trombe d´eau qui donne un sens à la verdeur du paysage, je courbe le dos comme j´ai vu que le font les chênes et j´essaye d´adopter leur même attitude résignée. J´espère juste qu´il ne me pousse pas de mousse sur les jambes. Les croisements de piste se succèdent; soulagé, je vois que le chemin est bien marqué et que j´avance sans difficultés. Au loin, le ciel s´ouvre peu à peu et une immense éclaircie bleue en finit avec la pluie. Depuis le col de Nabarlatz on voit la mer. Un sentiment de joie remplit mon corps, enfin, depuis plus de quarante jours, je commence à entrevoir la possibilité de dire à l´océan les secrets que son petit frère m´a révéle un jour de pluie durant lequel je me suis penché vers lui pour qu´il me sussurre à l´oreille.

Au col de Lizarrieta, je m´assieds pour prendre un café et reposer un peu mes jambes fatiguées avant d´entamer le dernier bout de chemin. À un croisement de chemins sans marques aparentes, Patxi et ses chiens me rattrapent. Patxi est retraité mais il marche comme s´il se préparait pour faire un marathon. Il me raconte quand il allait à Huesca pour chasser, pour quoi on utilise les fougères qui poussent dans cette région et me parle de sa vie à la ferme. Bien qu´il soit retraité, Patxi n´a pas le temps de s´ennuyer et quand il sort, il va en montagne pour fatiguer un peu les chiens. Les chiens et quiconque marche à ses côtés.

Bera apparaìt au loin annonçant la fin d´une autre longue journée de marche. Bizarre, c´est probablement ce qu´a pensé la première personne que j´ai rencontrée ce matin.


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36ª ETAPA: BERA DE BIDASOA - CABO DE HIGER


Tiempo: 6 h.
Kilómetros: 30 hasta el faro, 22 hasta Irún.
Dificultad: baja


Pirineo Pirineos
Heno
La estupenda tarde de domingo en Bera invita a salir a tomar una cerveza en una de las terrazas que señalan la llegada del verano. La gran variedad de oferta deportiva obliga a los más aficionados a no despegarse del asiento. Un extranjero ocupa la mesa de al lado y se dispone a estudiar varios mapas, indudablemente es otro solitario en pos de cumplir con la peregrinación al Cap de Creus. Me presento, él se llama Barry y es de Liverpool; sin ni siquiera preguntarle me confiesa que su primer día de camino ha sido un desastre. Yo no quiero desanimarle, pero de todos es sabido que esta tierra ejerce un efecto negativo sobre los hijos de la reina madre. De todas maneras tampoco ha sido para tanto; simplemente se ha olvidado todos los mapas en un taxi que le llevó al Cabo de Higer; nada que no se pueda reemplazar. Barry está preocupado por el calor. En su primera jornada lo ha pasado bastante mal, y yo egoísta pidiendo a los apus que de una vez por todas el sol se decida a permanecer sobre nuestras cabezas. Le aconsejo que beba mucha agua y que se cuide del Chullanchaqui (*) que por estas tierras campa a sus anchas.

A la mañana las farmacias abren a las diez, y necesito remedios para combatir el dolor de mi pierna, por lo que reposo en la cama hasta tarde, cuando comienzo la marcha el calor ya aprieta y me viene a la cabeza el recuerdo de Barry. Espero que haya comenzado pronto, si no hoy se va a desecar. La senda abandona Bera indecisa, sin saber qué dirección tomar y así voy caminando durante kilómetros sin perderla de vista. La pista se hace dura y recuerdo los primeros días de caminata por pistas catalanas. Llego al embalse de San Antón, me siento junto a un restaurante cerrado por vacaciones a reponer fuerzas. Poco a poco van apareciendo tras los matorrales uno, dos...hasta cinco mochileros llegados de las islas Canarias para cumplir su reto personal. Conversamos alegremente, ellos van con fuerzas porque acaban de empezar y a mí ilusión no me falta; no saben si terminarán, pero han venido a disfrutar de estas escarpadas tierras porque en sus islas caminar de mar a mar no da para tantos días.

Desde la presa de San Antón hasta Irún, la pista no parece tener fin, mucho tiene que ver con mis ganas de tocar el mar Cantábrico y de alcanzar la mitad de mi recorrido. Pasan las horas, después de una curva la siguiente parece desandar el camino y casi sin ganar altura de vuelta otra vez hacia atrás. Más abajo, junto al mar aparece la ciudad con sus edificios altos y sus autopistas, ahora soy yo el que no tiene ganas de llegar y la senda se empeña en tomar la dirección más recta. Paso bajo la autopista, consulto el mapa y faltan todavía más de ocho kilómetros. Dentro de Irún camino entre el tráfico, las obras; esto no tiene nada que ver con el Pirineo y no me apetece pasearme con mi mochila junto a escaparates y tragando humo, así que decido hacer uso del transporte público para llegar hasta el Cabo. Tras la foto testimonial junto al faro aprovecho la tarde para bajar a la playa y darme un merecido baño.


Pirineo Pirineos
Los canarios
Ya junto al mar me tumbo sobre la arena. Acariciado por la brisa y mecido por el arrullo de las olas, el cansancio va ganando terreno a mis fuerzas. Una agradable voz me pregunta qué es lo que hago allí y yo le cuento que una tarde parecida a esta, recostado junto a las rocas que salen del mar para seguir el camino del sol, tuve un sueño. El mar me contaba que en esas mismas rocas sobre las que yo estaba vivían animales de fábula, hombres de noble carácter marcado por la dureza de sus vidas; que las mismas rocas tomaban vida alzándose para llegar casi a tocar el cielo; que el agua se volvía piedra para no tener que abandonar las cumbres; y que las piedras se desgranaban en ríos para llegar hasta el valle. Me contó que había que hablar con los hombres que allí habitaban para entender la tierra y me contó que tendría que caminar casi al límite de mis fuerzas si quería vivirlo.
-“Interesante historia, ¿y no te dijo nada más?”
-“Sí, me contó que si eso hacía encontraría un tesoro, pero nunca he creído en tesoros escondidos”.
-“Bonita tarde para estar tumbado al sol, ¿verdad?¿Qué día es hoy?”
-“Lunes, creo”.
-“Antes de que te vayas, yo si sé dónde está el tesoro. Acércate y escucha...”

(*) El chullachaqui es un demonio de la selva peruana-brasileña.


36ème ETAPE BERA DE BIDASOA-CAP D´ HIGUER.


Pirineo Pirineos
Playa de Hondarribia
La magnifique après-midi du dimanche à Bera invite à sortir boire une bière à l´une des terrasses qui annoncent l´arrivée de l´été. La grande offre d´activités sportives oblige les amateurs à ne pas décoller les fesses de leur chaise. Un étranger occupe la table d´à côté et s´apprête à consulter plusieurs cartes. Indubitablement, il s´agit d´un autre randonneur solitaire en passe de faire son pélerinage jusqu´au Cap de Creus. Je me présente, lui s´appelle Barry et il est de Liverpool; sans même le lui avoir demandé, il me confesse que son premier jour de marche a été désastreux. Loin de moi l´idée de vouloir le démotiver, mais tout le monde sait que les terres pyrénéennes ont des effets nocifs sur les sujets de sa Gracieuse Majesté. De toute façon, ce qui lui est arrivé n´est pas bien grave, il a simplement oublié toutes ses cartes dans le taxi qui l´a amené jusqu´au Cap d´Higer. Rien qui ne puisse être remplacé.
Barry s´inquiète de la chaleur. Lors de sa première journée, il a pas mal souffert, et moi égoïste, demandant aux Apus qu´une bonne fois pour toute le soleil se décide à briller au-dessus de nos têtes. Je lui conseille de boire beaucoup d´eau et de faire attention au Chullachaqui* qui campe librement sur ces terres.

Le lendemain, les pharmacies ouvrent à 10 heures et j´ai besoin de médicaments pour combattre la douleur de ma jambe, ce qui m´amène à faire la grasse matinée. Quand je commence à marcher, la chaleur est déjà intense et le souvenir de Barry me revient en mémoire. J´espère qu´il a commencé à marcher tôt, sinon, aujourd´hui, il va se déssécher. Le sentier abandonne Bera indécis, sans savoir quelle direction prendre et je le suis ainsi, pendant des kilomètres, sans le perdre de vue. Il est dur de marcher sur la piste et je me souviens des premiers jours de marche sur les pistes catalanes. J´arrive au barrage de San Antón. Je reprends des forces assis à côté d´un restaurant fermé pour cause de congés. Petit à petit apparaissent derrière les buissons un, deux,… jusqu´à cinq randonneurs arrivés des îles Canaries pour relever leur propre défi. Nous parlons allégrément, eux sont pleins de force car ils viennent de commencer et moi je ne manque pas d´illusions. Ils ne savent pas s´ils termineront mais ils sont venus profiter de ces terres escarpées parce que, sur leur île, marcher de mer à mer ne prend pas tant de jours.

Depuis le barrage de San Antón jusqu´à Irún, la piste semble ne pas avoir de fin, ce qui est en grande partie lié à mon envie de toucher l´océan et d´arriver à la moitié de mon périple. Les heures passent. Après un virage, le virage suivant semble défaire le chemin et presque sans gagner de hauteur je repars à nouveau vers l´arrière. Plus bas, à côté de la mer, apparaît la ville avec ses immeubles hauts et ses autoroutes, maintenant c´est moi qui n´ai pas envie d´arriver et le sentier s´entête à aller tout droit. Je passe sous l´autoroute, consulte ma carte: il manque encore plus de huit kilomètres. Dans Irun, je marche au milieu de la circulation, des travaux, cela n´a rien à voir avec les Pyrénées et je n´ai pas envie de me balader avec mon sac à côté des vitrines, avalant de la fumée de pot d´échappement. Je décide alors de prendre les transports en commun pour arriver jusqu´au Cap. Après avoir fait la photo témoin du phare, je profite du reste de l´après midi pour aller à la plage et me baigner.


Pirineo Pirineos
Jorge en Higer
Je me couche sur le sable. Carressé par la brise et bercé par le bruit des vagues, la fatigue me gagne. Une agréable voix me demande ce que je fais là et je lui raconte qu´une après midi comme celle-ci, allongé sur les rochers qui sortent de la mer pour suivre le chemin du soleil, j´ai fait un rêve. La mer me disait que, sur ces mêmes rochers où je me trouvais vivaient des animaux de fable, des hommes au caractère noble marqués par la rudesse de la vie, que les rochers eux-mêmes prenaient vie, se dressant jusqu´à toucher presque le ciel, que l´eau se changeait en pierre pour ne pas avoir à abandonner les hauteurs et que les pierres s´égrenaient en rivières pour arriver à la vallée. Elle me disait qu´il fallait parler avec les hommes qui habitaient là pour comprendre leur terre et qu´il faudrait que je marche presque jusqu´au bout de mes forces si je voulais le vivre.
-“Intéressante histoire, et elle ne t´a rien dit de plus?”
-“Oui, elle m´a dit que si je faisais cela je trouverais un trésor, mais je n´ai jamais cru dans les trésors cachés.”
-“Belle après-midi pour être allongé au soleil, non? Quel jour est–ce aujourd´hui?
-“Lundi, je crois”.
-“Avant que tu ne partes, je dois te dire que je sais où se trouve ce trésor. Approche toi et écoute…”
* le Chullachaqui est un démon des forêts péruano-brésiliennes selon les croyances locales


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1.- Índice - Index

2.- Introducción - Introduction

3.- Las etapas - Les étapes

4.- Medios de Comunicación - Médias

5.- Enlaces de interés - liens d´intérêt

6.- Agradecimientos - Remerciements
* En Gerona
* En Lleida
* En Huesca
* En Navarra
* En Francia
- Pais Vasco francés
- Bearn
- Altos Pirineos
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IRÚN - HENDAYA


Pirineo Pirineos
Casino de Hendaya
Un día para descansar, hacer resumen de todo lo vivido hasta ahora y cumplir con obligaciones menores que se estaban convirtiendo en necesidad. Tomo un café mientras leo el periódico, un helado mirando la vida pasar con las prisas propias de los habitantes acelerados de la ciudad y hago una colada en condiciones, con máquina de lavar y agua caliente, que mis ropas maltratadas por el uso agradecen más aún que mis piernas el descanso.

Doy una vuelta curioseando por las librerías, en busca de un título sugerente que llevarme a la cama las noches que me queden fuerzas para enriquecer mi mente. “Tan lejos como los pies me lleven” parece ser un libro apropiado para la ocasión; la portada de unas desgastadas botas estimula mi curiosidad.
Mientras espero que la máquina deje de dar vueltas para que me devuelva un uniforme de caminante descansado, las señoras del mercado bromean sobre mi estado civil:
–“Eres muy risueño, ¿estás casado?”
–“Jamás conocí a una mujer como usted señora, es una lástima”.
–“Por eso ríes tanto, si estuvieras casado...”
Antes de combatir en una guerra que no puedo ganar –a ver quién es el guapo que se atreve con cuatro dependientas de puesto de verduras– la excusa de la colada me salva de una derrota segura. Satisfecho por el fragante olor que desprende mi mochila doy por finalizada mi etapa española de la aventura y camino hacia Hendaya atravesando el puente sobre el Bidasoa. Nadie parece conocer la dirección de mi alojamiento, así que después de sondear a la mitad de la población tomo un taxi. Al darle el nombre del hotel, el taxista me informa de que he elegido mal: “es un hotel muy sucio” me dice, “¡hombre! Yo creía que esa táctica sólo se usaba en India y sitios así”. Tentado de decirle que es un hotel regentado por mi familia me reprimo por la cosa del idioma; cuando pasen unas cuantas semanas ya intentaré florituras lingüísticas, de momento me conformaré con no morir de hambre.

Dejo mi compañera en el hotel, limpio y bonito por cierto; y salgo a la calle a reconocer el comienzo de mi ruta de mañana. La GR-10 tiene su punto de partida junto al viejo casino de Hendaya, al lado del mar, donde la gente disfruta del final de una tarde de baño que se presenta tormentosa. Otro café, esta vez el periódico dice las mismas cosas pero en otro idioma; y para irme habituando a las costumbres del lugar ceno a las siete de la tarde ¡Sospecho que mañana a la hora del desayuno mi apetito será terrible!.


IRÚN-HENDAYE.


Pirineo Pirineos
Playa de Hendaya
Un jour pour me reposer, faire un bilan de tout ce que j´ai vécu jusqu´ici et remplir de petites obligations qui commençaient à devenir des besoins. Je prends un café pendant que je lis le journal, et mange une glace en regardant passer la vie pressée, propre des citadins. J´en profite aussi pour faire une machine, avec machine à laver et pas à la main, et avec eau chaude. Une bénédiction pour mes vêtements, maltraités par l´usage quotidien, plus encore que le repos ne l´est pour mes jambes.

Je fais un tour et chine dans les librairies, à la recherche d´un titre suggestif pour accompagner les soirées où il me reste encore des forces pour enrichir mon intellect. “Aussi loin que tes pas te guideront” paraît être un livre propice à l´occasion, la couverture avec des bottes usées pique ma curiosité.
Pendant que j´attends que le tambour de la machine à laver arrête de tourner pour me remettre un uniforme de marcheur reposé, les dames du marché me taquinent sur mon état civil:
–“Vous êtes bien jovial, vous êtes marié?”
–“C´est que je n´ai jamais connu une femme comme vous madame, c´est bien dommage”.
–“C´est pour ça que vous souriez autant, si vous étiez marié...”
Avant de me battre dans une guerre perdue d´avance – voyons qui est le malin qui ose répondre à quatre vendeuses de fruits et légumes- l´excuse de la machine me sauve d´une défaite assurée. Satisfait par la bonne odeur qui s´échappe de mon sac je considère terminée l´étape espagnole de cette aventure et je marche jusqu´à Hendaye en traversant le pont sur la Bidasoa. Personne ne semble connaître l´adresse de mon logement, donc, après avoir sondé la moitié de la population, je prends un taxi. Lorsque je lui donne le nom de l´hôtel, le chauffeur m´informe que j´ai mal choisi : “c´est un hôtel très sale” me dit-il. “Tiens donc! Et moi qui croyais que ce genre de techniques ne s´utilisait qu´en Inde et dans des endroits de ce genre”. Tenté de lui dire que c´est un hotel tenu par ma famille, je me retiens, handicappé par mon niveau de français; lorsque j´aurai quelques semaines d´entrainement, je m´essaierai aux fioritures lingüistiques, mais pour l´instant, je me contenterai d´essayer de ne pas mourir de faim.

Je laisse mon compagnon à l´hôtel, propre et beau d´ailleurs; et je sors dans la rue pour faire la reconnaissance de mon étape de demain. La GR-10 commence près du vieux Casino d´Hendaye, à côté de la mer, où les gens profitent d´une fin d´après midi de baignade avant que l´orage n´éclate. Un autre café, cette fois-ci le journal dit les mêmes choses mais dans une autre langue et, pour commencer à m´habituer aux coutumes du lieu, je dîne à dix neuf heures. Pour sûr que demain, à l´heure du petit déjeuner, j´aurai un appêtit terrible!.


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