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Saqués, un pueblo que renace
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Especiales
15/05/08.- Todo comenzó en 1969, año en el que Saqués (Pirineo de Huesca) se fue al traste y pasó a engrosar la abultada lista del olvido como consecuencia de la construcción del pantano de Búbal. Casi 40 años después, la Asociación de Antiguos Vecinos persigue la reconstrucción del pueblo mediante un Plan Especial de Rehabilitación, un proyecto basado en la sostenibilidad que devolverá la vida a las calles y la ilusión a sus antiguos moradores. Saqués renace sobre unas aguas que nunca han podido vencerle.
1. El Pueblo de Saqués
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Vista general de Saqués (Fotos: José Luis Gota, cedidas por Asociación Vecinos de Saqués)
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La pequeña población de Saqués () está situada en el corazón del Valle de Tena, en la comarca del Alto Gállego del Pirineo de Huesca. Saqués es uno de los siete lugares que componen "el Quiñón de la Partacua", una de las tres divisiones en que se divide administrativamente, a efectos de la explotación ganadera y forestal, el Valle de Tena. Pertenece desde los años 1970 al término municipal de Biescas y se halla a 1.081 metros de altitud, en el margen derecho del río Gállego.
Saqués era un pequeño pueblo de callejas estrechas, grandes casonas de oscura piedra y ventrudas chimeneas, encuadrado por un paisaje montuoso y fluvial (altas montañas roqueras y ríos Gállego y Gorgol) y asentado en la esmaltada tierra de un suelo antiguo de bosques, prados y hortales. Un viejo pueblo tensino, de pastores altos y recios, de rancios casales blasonados de estirpes nobles que allí residieron a lo largo de generaciones y de mujeres dedicadas por completo al servicio de la familia y de la comunidad.
Saqués era un mínimo poblado rural (no pasó nunca de diecisiete vecinos) distribuido en torno a su iglesia dedicada al Arcángel San Miguel, cuyo comienzo enlaza ya con los más remotos siglos, siendo su primera cita (con nombres como Sacas, Saua y Sauca), en el año 1042, en documentos expedidos bajo el reinado del Rey aragonés Ramiro I.
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Miguel y Antonio, antiguos moradores de Saqués (Foto cedida por la Asociación de Vecinos de Saqués)
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Hacia finales de los años 60, en Saqués habían unas 40 personas y su medio de vida eran los servicios, la ganaderia y la agricultura. Había también un gran hotel de cuatro pisos, un molino de agua, una tienda de ultramarinos, carnicería, maestra, salon social, iglesia de San Miguel, puente, etc... Constituía un punto vital dentro del valle de Tena y el centro de suministro de alimentos de primera necesidad y accesorios para las localidades cercanas. Tramacastilla, Bubal, Piedrafita, Polituara, etc... bajaban al pueblo a comprar harina, aceite, etc... "aquí te podías comprar desde un alfiler hasta un armario" según nos cuentan Miguel Bandrés y Antonio Lafuente, amigos de infancia que con 18 años tuvieron que abandonar Saqués conscientes que la obra se realizaba era de bien común, no sin resignación. "Aquí ya se había inventado el turismo cuando nos dijeron de marchar, por eso había un hotel de los únicos de la zona, de tres pisos con una gran terraza y una bonita sala de estar".
2. El Abandono forzado de un pueblo
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Saqués fue expropiado para la construcción del pantano de Búbal (Foto cedida por la Asociación de Vecinos de Saqués)
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Durante décadas, la política española del agua se ha basado en el incremento constante de los recursos hídricos disponibles, mediante la construcción de nuevos embalses (más de 1000 hasta la fecha) que, además de tener un enorme impacto ambiental, han hecho desaparecer unos 500 pueblos y obligado al traslado forzoso de unos cuantos miles de personas.
A finales de 1969 los vecinos de Saqués, como los de otras poblaciones de su entorno, se vieron obligados a abandonar su pueblo, a causa de la construcción del embalse de Búbal, que transformó totalmente la fisonomía del valle y la vida de todas sus gentes.
En las aguas se sumergieron algunas de sus casas, el antiguo hotel "Valle de Tena", sus tiendas, las escuelas, la conocida finca "La Artosa" y otras construcciones agrícolas y ganaderas, mientras que fuera del pantano quedaron algunas casas y su iglesia.
Todo, absolutamente todo, comenzó a destruirse a partir de aquella fecha fatídica, de aquel 1969 que marcó profundamente la vida del valle de Tena. Un año más tarde, la Confederación Hidrográfica del Ebro tomó posesión de las fincas expropiadas, y todos los vecinos se fueron del pueblo salvo uno, el señor Ferrer (de Casa Jericó), que aguantó unos años hasta su desalojo definitivo por requerimiento gubernativo. Esto significó el abandono total de núcleo que hoy día, al contemplar la visión de las montañas emergiendo altivas, dignas, de la lámina de agua sigue provocando un profundo dolor.
3. Una Rehabilitación polémica
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El pantano de Búbal (Valle de Tena)
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En el año 2000 se constituyó la Asociación de Antiguos Vecinos y descendientes de Saqués. Dede entonces, muchas han sido las acciones realizadas para conseguir la reversión de las zonas no inundadas. La recuperación del pueblo se ha puesto en marcha y en los corazones de sus antiguos habitantes se ha avivado la ilusión por su tierra. Son ellos quienes van a devolver la vida a las casas, aspiran incluso a que, con el tiempo, vuelva a haber tiendas, un médico y una escuela. Una escuela, sobre todo, como signo de que el pueblo no sólo tendrá vida, sino futuro.
Durante los últimos cinco años las acciones legales emprendidas por los antiguos vecinos han dado sus frutos y la Confederación Hidrográfica del Ebro ha tenido que devolver todas las casas y construcciones a sus propietarios.
Es en el año 1989 cuando la CHE cede el casco urbano de Saqués a la Cruz Roja, en aquella moda estúpida que hizo furor hace unos años y según la cual cada sindicato, asociación u organismo de diversa condición solicitaba un pueblo para hacerse su colonia de verano particular, sin tener en cuenta que se estaban metiendo en la casa de otro y de que desvirtuaban por completo la esencia de cada lugar.
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Saqués en la actualidad (Foto cedida por la Asociación de Vecinos de Saqués)
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Cruz Roja ejecuta diversas obras de rehabilitación que afectan a la iglesia y a varias casas, corrales y cuadras. Asimismo se inició la construcción sobre las llamadas casas de Judas y Blango, de un albergue con previsiones para cien camas. La iglesia, que corona la estructura del lugar, fue restaurada en la primera fase de recuperación del pueblo. Es una construcción de una sola nave con una pequeña torre adosada a la cabecera, construida en un primer momento en el siglo XVI y reformada y transformada durante las dos siguientes centurias.
Se recuperaron también diversos edificios encaminadas hacia la creación de un dinámico centro sociocultural y sanitario en la zona, que podrán ser utilizados por otras asociaciones institucionales, además de ser un punto de encuentro y formación para todos los voluntarios de Cruz Roja Española. Desde 1995, el peso de esta labor recae en Cruz Roja Juventud, a través de los campos de trabajo que organiza en verano y del programa "Fines de semana sin alcohol en Saqués".
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Molino de agua (Foto cedida por la Asociación de Vecinos de Saqués)
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Esta vez la Confederación Hidrográfica del Ebro hizo lo correcto, devolvió las propiedades y no se lucró por ello. Los precios fueron simbólicos porque tuvieron en cuenta que se expropiaron casas y lo que se devuelven son las ruinas de ellas.
4. Una Mirada hacia el futuro
El objetivo futuro que la Asociación de Antiguos vecinos persigue es la reconstrucción del pueblo. Para ello, los antiguos vecinos de Saqués han encargado un Plan de Rehabilitación exquisito, que inició su andadura urbanística recibiendo el apoyo unánime de las Entidades locales de Piedrafita de Jaca y Biescas.
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El pueblo expropiado y ahora revertido se encuentra en el Valle de Tena (Foto cedida por la Asociación de Vecinos de Saqués)
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La propuesta de la asociación vecinal de Saqués es un proyecto ejemplar para otros núcleos abandonados, razonable, equilbrada y sobretodo realizable. Se trata de una compensación justa con estos núcleos y sus habitantes.
Este proyecto debería ser emblemático en la historia de la política hidráulica española, porque significa la verdadera recuperación de un pueblo y es un símbolo que indica dónde está ahora la vitalidad y el futuro. No en los pantanos, no en el hormigón, desnaturalizados ambos y sin alma.
Aquí no se trata de especular ni de montar urbanizaciones de adosados clónicos; se trata de volver a levantar los viejos tejados y de que el pueblo devuelva el reflejo de la altivez de las montañas por encima de unas aguas que nunca han podido vencerle.
5. Enlaces de interés
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Caballos en la Artosa (Fotos: José Luis Gota, cedidas por Asociación Vecinos de Saqués)
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