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Roncesvalles, la religiosidad y el arte caminan de la mano en el Pirineo navarro
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Pueblos y Valles
Pirineo navarro
2.- La Colegiata, su construcción más relevante
Por encima de todo, Roncesvalles es un conjunto
arquitectónico de gran belleza compuesto por la
Colegiata de Santa María, la Capilla del Sancti
Spiritus, la iglesia de Santiago, el Hospital, el
Museo y la Biblioteca y otros edificios civiles,como la Casa de los Beneficiados y Casa Itzandegia, primitivo hospital hoy reconvertido en Centro de Acogida al Visitante.
La construcción más relevante es la Colegiata,
consagrada en 1219. El rey Sancho VII la mandó
construir como iglesia de la institución hospitalaria de Roncesvalles para asistir a los peregrinos jacobeos después de cruzar los Pirineos. El edificio está construido sobre otro románico que se levantó por iniciativa del rey Alfonso I El Batallador, monarca de Aragón y Navarra, en la primera mitad del S. XII cuando era Obispo de Pamplona, Sancho de Larrosa.
Las obras del templo actual debieron comenzar durante el reinado de Sancho el Fuerte, que se prolongó de 1 194 a 1234, y se terminaron con su sobrino Teobaldo I, que reinó entre 1234 y 1253.
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Claustro de la Colegiata
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La Colegiata de Roncesvalles es uno de los primeros referentes de la arquitectura gótica francesa en nuestro país. De hecho, cuando a principios del S. XIII se construía la iglesia de la Colegiata acababan de edificarse algunos de los templos más representativos de Navarra como la Catedral de Tudela, la iglesia de Santa María de Sangüesa, el templo benedictino de Irache y las cistercienses de Fitero y La Oliva. Todos ellos compartían unos cánones estéticos similares con muros gruesos, pilares robustos, arcos severos y ventanas angostas que nada tienen que ver con la agilidad que otorgan a Roncesvalles las columnas, la arquería del triforio, la finura de los arcos y los grandes ventanales.
A simple vista, esta iglesia corresponde a un estilo arquitectónico foráneo, probablemente venido del país vecino ya que en las proximidades de París se alzan varios templos de características similares a la de Roncesvalles.
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Sepulcro de Sancho VI el Fuerte en Orreaga/Roncesvalles
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Ahora bien, los incendios sufridos en 1445, 1468 y 1626, así como la intensa nevada registrada en el año 1600 causaron grandes desperfectos en la estructura de la Colegiata, lo que obligó a acometer diversas reformas que modificaron sustancialmente su aspecto original. Las transformaciones más importantes, que se llevaron a cabo en las zonas que resultaron más dañadas como la iglesia y el claustro, contribuyeron a diluir el estilo gótico, a excepción del presbiterio y del tramo de la nave que le precede que conservaron su fisonomía inicial.
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Interior Iglesia de Santa Maria
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La Iglesia de Santa María
Del conjunto de la Colegiata, destaca sobremanera la iglesia de Santa María y la imagen de la Virgen, ambas de estilo gótico. No obstante, el resto de las dependencias son también dignas de ser mencionadas. La iglesia, construida a imagen de la Catedral de Nôtre Dame de París, posee tres naves sin crucero, separadas por arcos ojivales y cubiertas con bóveda de crucería. La central, más alta y más ancha que las laterales, está rematada en una cabecera poligonal. Los pilares sirven de apoyo a los arcos formeros y a las columnillas que soportan las cubiertas. Sobre los arcos, se despliega el triforio, formado en cada tramo de la nave central por cuatro arquillos apuntados sobre columnillas con el mismo tipo de capitel. La galería da paso al óculo que tiene como único elemento decorativo una serie de arcos apuntados. El templo, construido con piedra caliza de Burguete, presenta muros calados por rosetones que, junto a las vidrieras de la zona de la cabecera, proporcionan luz natural al interior del templo. La sobriedad es la nota característica en lo que se refiere a decoración escultórica. Las únicas muestras se localizan en los capiteles de los pilares cilíndricos y en la clave de la bóveda del presbiterio donde se narra la Coronación de la Virgen. La iglesia cuenta, además, con una cripta pentagonal que abarca la cabecera y el tramo del crucero. En la nave lateral derecha, se encuentra la capilla del Santo cristo, un pequeño recinto que permanece cerrado al público desde el S. XVII por una reja. Un crucifijo de tamaño natural, que data del S. XIX, preside la diminuta capilla.
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Imagen de Santa Maria de Roncesvalles, conocida como la Señora del Pirineo
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La Señora del Pirineo
En el altar mayor, se alza majestuosa la imagen de Santa María de Roncesvalles. Se trata de una talla de madera de cedro, sedente sobre la tradicional arqueta, que está adornada en su parte posterior por relieves que representan a San Miguel, San Pedro y San Pablo. La imagen, que va revestida enteramente de plata, a excepción de las manos y de los rostros, sostiene al niño con la mano izquierda. Realizada en Toulouse a mediados del S.XIV, sustituye a la imagen románica que presidió el templo edificado por el Obispo de Pamplona, Sancho de Larrosa. Esta Virgen, que despierta gran devoción entre los
peregrinos de la Ruta Jacobea y entre los habitantes de la montaña navarra, es venerada cada año por miles de creyentes. En las romerías, que se suceden con la llegada de la primavera, los vecinos de los valles próximos acuden al santuario en romerías festivas y penitentes, que constituyen la mejor manifestación de fe y recogimiento. El desfile es todo un ritual encabezado por las cruces parroquiales. A continuación, le siguen dos filas de entunicados que portan las cruces sobre sus espaldas y otras dos filas de mujeres que, descalzas, atraviesan los municipios rezando antiguas preces. Las corporaciones municipales que acompañan a las comitivas van ataviadas con sus correspondientes trajes de gala. Cuando llegan a la Colegiata, depositan sus varas de mando sobre el altar en señal de ofrenda a la Virgen. Tras cantar la Salve Regina, se celebra una misa y posteriormente una comida de hermandad entre los asistentes.
Cuenta la tradición que una noche oscura un pastor que se encontraba cuidando de su ganado en las proximidades de Roncesvalles se quedó sobrecogido al divisar dos luces muy resplandecientes. Cuando se aproximó al lugar para ver de qué se trataba, descubrió que era un ciervo que portaba en sus astas dos deslumbrantes luceros. Entonces, el pastor, que
creía estar soñando, regresó atónito a su cabaña sin dejar de pensar en lo sucedido. Al no poder callar el secreto, decidió contar lo que había visto a los habitantes del pueblo que, aunque en un primer momento lo tacharon de soñador, decidieron comprobar por sí mismos lo que decía el pastor. La situación se repetía una y otra vez lo que contribuyó decisivamente a extender el misterio, que llegó a adquirir proporciones descomunales. Otra noche en que apareció el ciervo, varios de los vecinos que se habían apostado en el lugar pudieron comprobar como
del suelo que pisaba el animal brotaban cánticos
celestiales de alabanza a la Virgen. Fue entonces,
cuando los religiosos de Ibañeta decidieron comunicar lo sucedido al Obispo de Pamplona, que se resistió a creer la maravilla hasta que un ángel le reveló en sueños la verdad. El Prelado se trasladó a Roncesvalles y, junto a otros religiosos, empezó a remover la tierra donde días antes se había producido el suceso. A poca profundidad, apareció en un nicho de piedra la imagen de Nuestra Señora de Roncesvalles.
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Vidriera de Sancho el Fuerte en la Capilla de San Agustín
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El Claustro y la capilla de San Agustín
Otra de las dependencias destacadas de la Colegiata es el claustro gótico, que fue reformado en el S. XVII adquiriendo las características estéticas del estilo cisterciense. El peso de una copiosa nevada registrada en el año 1600, arruinó este espacio que, según los expertos, era similar al de la Catedral de Pamplona. Las reformas realizadas trajeron aparejadas la desaparición de las lápidas sepulcrales del claustro, de la iglesia y del Camino de Peregrinos. En sus inmediaciones, se localiza la capilla de San Agustín o antigua Sala Capitular, que data del S. XIV. De planta cuadrada, está cubierta con bóveda de terceletes que a su vez se apoya en cuatro ménsulas de
gran tamaño.
La capilla alberga el sepulcro de Sancho VII El
Fuerte, instalado allí en 1912 cuando se acondicionó este recinto sacro para conmemorar el aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa. El muro sur está decorado con una vidriera moderna que representa al monarca en plena contienda. En concreto, relata el momento en que Sancho El Fuerte, a lomos de su caballo, se lanza de frente sobre la morisma de Miramamolín. En la capilla, también se conservan dos trozos de cadenas, recuerdo de la batalla de 1212. En
el centro de la Sala, descansan los restos del héroe y de su esposa. Del mausoleo levantado por su sobrino Teobaldo I se conserva únicamente la escultura adyacente, que mide 2,25 metros, lo que da una idea del gran tamaño del monarca. De hecho, estudios antropométricos han concluido que el rey navarro debía medir más de 2,227 metros.
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Vista de la Real Colegiata de Roncesvalles
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