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Costumbres, Cultura y Tradición se unen en el Pirineo más festivo


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Los colores de otoño inundan el Pirineo
El otoño se acerca al Pirineo y va transformando el paisaje estival, tiñendo de cobre las hojas de los árboles; el ciclo del despertar de la vida se acaba. La vuelta a la rutina después del merecido descanso estival crea cierta tristeza y melancolía; el verano, cargado de acontecimientos lúdicos y fiestas populares, se despide y da paso a un otoño que comienza con ceremonias y tradiciones que giran en torno a la vendimia, el marcaje de ganado, el traslado del ganado trashumante desde los valles altos a las tierras bajas para pasar el invierno, o las ferias ganaderas y agrícolas que salpican el Pirineo. Buen momento además, para elaborar conservas y preparar el hogar para la llegada del frío invernal.

Septiembre, la hora de la vendimia: el sol ha terminado de madurar los frutos con los que elaborar los más preciados caldos en casi todas nuestras regiones; la primera pisada de uvas se celebra en Septiembre y numerosas son las localidades del Pirineo que celebran la Fiesta de la Vendimia.


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Es tiempo de vendimia
La sequía favorece la maduración y adelanta las labores de recolección de las uvas, por lo que este año se augura una buena cosecha ya que mientras más de media España padece las consecuencias de la sequía, para los viñedos la falta de lluvias ha sido casi como una bendición ya que el estrés hídrico y las altas temperaturas registradas en julio, lejos de perjudicar a la producción, lo que han provocado es una madurez del fruto muy temprana y homogénea y una calidad excelente en las diferentes variedades.

Las fiestas y demás manifestaciones festivas giran en la mayoría de los casos en torno a este acontecimiento, la vendimia, pero existes otras manifestaciones folclóricas y tradicionales como el Bobo en Otsagavía (Pirineo navarro), la Mojiganga en Graus (Pirineo aragonés) o la fiesta de la sal en Salies de Bearn (Pirineo francés). Además algunos pueblos, los más rezagados, despiden el verano celebrando sus fiestas mayores.

El Bobo

Danzas ancestrales que se celebran cada 8 de septiembre en Otsagabia (Pirineo navarro), y cuyo sentido práctico ha estado sujeto a la necesidad de combatir plagas y enfermedades.

Las danzas de Ochagavía integran un ciclo ritual de cuatro sugerentes y expresivas danzas de palos, además de una pañuelo danza y una jota. Los ocho danzantes, con el enmascarado personaje bifronte a la cabeza, el Bobo, celebran anualmente ante la ermita de la Virgen de Muskilda, una vieja liturgia llena de simbolismo.


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Danzas del Bobo en Otxagavia
Este singular personaje del folclore navarro que acompaña a los danzantes de la Virgen de Muskilda de Otsagabia, va vestido con traje de arlequín en paño rojo y verde, cuyas costuras y uniones se adornan de dorado. Como calzado lleva alpargatas y sus piernas van cubiertas con medias tejidas en lana o algodón de diversos colores. El vestuario del Bobo se completa con una abrazaderas de cuero de color blanco llenas de cascabeles, y sobre el hombro una alforja de lana de múltiples colores donde guarda los palos de boj, castañuelas y una máscara de doble cara que utiliza para las danzas.

El nombre de Bobo, loco o cabeza hueca en vasco, nos da un idea de la tipología contradictoria de este personaje, que se manifiesta además en los colores de su traje, rojo y verde, colores que simbolizan la maldad del diablo y la locura.

La figura del loco y el resto de los danzantes se complementa pues el Bobo personaliza la individualidad, la falta de jerarquía y el desorden, mientras que los danzantes constituyen un grupo jerárquico, con un comportamiento ordenado, militar que se refleja en su indumentaria, uniforme para todos.

La presencia de este personaje singular se manifiesta en algunas danzas tradicionales italianas o inglesas, y en los bailes de pañuelos de la Rioja.

La Mojiganga

Se celebran el domingo más próximo al 14 de Septiembre en la localidad de Graus (Pirineo aragonés), y resulta un fiesta de gran interés turístico. La "Mojiganga" es una esperpéntica comparsa que recorre la ciudad y termina su actuación en la Plaza Mayor, con una representación dramática popular a cargo de los habitantes que satirizan la vida social. La representación consta de dos partes: por un lado, el colorista desfile de los reyes acompañados de 22 parejas de danzantes que bailan al son de las famosas gaitas de Graus, y por otro, la escenificación de una pantomima satírica en la plaza, con contenido crítico y jocoso.


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Vista general de Graus
La representación de la Mojiganga permite que los asuntos más candentes salgan a la palestra en un ambiente de caricatura y crítica de la actualidad. Los reyes situados sobre el escenario escucharán y juzgaran humorísticamente las queja y demandas de sus vasallos.

La representación comienza con los portadores de antorchas que abren la cabalgata en la que figuran los reyes de la Mojiganga en su carroza acompañados por su corte. La tarasca ( una enorme araña negra en el extremo de una varilla articulada que se encoge y llega los balcones) y el estafermo ( muñeco que reparte bofetadas), despejan las calles para que circule la comitiva. La banda de música acompaña a la comitiva hasta la Plaza Mayor donde termina el desfile y comienza el espectáculo.

Los orígenes de esta singular representación, pagana y carnavalesca, son muy antiguos y en algunos momentos de la historia desapareció, hasta el año 1979 en que se volvió a recuperar.

La Fiesta de la Sal

Durante cuatro días de mediados de septiembre, la localidad de Salies de Bearn (Pirineo francés), celebra su fiesta dedicada a la riqueza natural, la sal, la protagonista de una serie de citas con la cultura tradicional .

La Fiesta de la Sal (Heste de la Sau) comienza el jueves con una serie de comunicados que evocan la historia de Salies y su cantón. El viernes por la tarde las corales y compañías locales exaltan el idioma bearnés mediante cánticos, poemas, danzas y obras de teatro. El sábado se celebra un mercado abierto a los productores de la tierra, animado por grupos de cantores y músicos. El broche final de la fiesta es la carrera de “Porteuses de Herrades” (recipientes de madera que transportaban apoyados en la cabeza al regresar de la fuente), así como el desfile de las cofradías, ataviadas con trajes del siglo XVI y que rememoran el reglamento de la Fontaine Salée, que regulaba el reparto, disfrute y trasmisión de su riqueza natural, la sal, reglamento todavía hoy en vigor.

Una comida para mil comensales que se sirve en la plaza Bayoa con un menú tradicional local y el desfile de carros por las arboladas avenidas del barrio termal dan punto y final a esta antigua manifestación festiva.


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