Este hermoso valle donde el visitante puede respirar la armonía existente entre hombre y naturaleza, se encuentra situado en la región de la Haute Bigorre, en el departamento de los Hautes Pyrenèes, entre los pinos centenarios del puerto de Aspin y de Payolle, las hayas del bosque de Lesponne, las riberas umbrías del río Adour que en este espacio no son más que un torrente, las landas de Palomiéres y su panorama subyugador y los macizos de Leyris y de Bassia colonizados por los enebros.
Haute Bigorre
Esta es una región de agua y de contrastes, de cumbres que flictean con las estrellas, de lagos y senderos solo conocidos por la fauna pirenaica; estamos pisando las tierras de la Haute Bigorre donde descubriremos una naturaleza intacta y generosa de la que brotan tesoros en forma de verdes prados y pequeños ríos, torrentes y barrancos. Desde el azul de sus lagos hasta la plata de sus truchas, desde sus grandes termas hasta sus grutas secretas, la Haute Bigorre es un territorio de pasiones, muy cerca de las estrellas, el escenario ideal de nuestros mejores sueños.
...y verdes prados
Pero no solo la naturaleza es protagonista en la historia de esta región; la Haute Bigorre cobija además, tesoros que testimonian una historia rica y contrastada. La diversidad de su patrimonio artístico y tradicional armonizan con los placeres de la comida y de la fiesta que se comparten con la más calurosa autenticidad.
En algún recodo de los valles de la Haute Bigorre se abre el paraiso de los senderistas y amantes de paisajes salvajes. El Parque Nacional, guardian de una naturaleza preservada, proporciona a los aficionados a los deportes en plena naturaleza, un marco de actividades sin igual. Los amantes del ciclismo, encontrarán por la ruta mítica de los puertos del Tourmalet y del Aspin, todo el ambiente de la Vuelta a Francia, el famoso Tour, sin olvidarse de otros deportes que se practican en montaña.
Aún hoy se pueden ver en el valle viejos graneros con tejados de paja
En este marco incomparable, de inusitada belleza, se encuentra un pequeño pueblo que nos observa a través de la mirada de docenas de muñecos de tamaño natural, son las famosas mounaques de Campan que nos dan la bienvenida cuando pasamos por esta localidad situada al pie de los míticos puertos ciclistas del Tourmalet y Aspin, y muy cerca de la localidad termal de Bagnères de Bigorre.
Breve historia de los cagots
Esta singular raza de gentes, de confusa procedencia y peculiar idiosincrasia, ha sido objeto durante muchos siglos y hasta hace bien poco de una marginación social total y absoluta, cargando con las culpas de todos los desastres y malas cosechas y siendo blanco de la mofa y el desprecio de los lugareños.
Sin embargo, los cagots se asentaron en Campan donde permanecieron durante ocho siglos dejando la huella de su paso en numerosos lugares y testimonios escritos. Si cabe destacar algo curioso del paso de estas gentes por esta pequeña población es, sin duda, que no sufrieron una discriminación tan agresiva como en otros lugares, aunque vivían en una zona apartada de la población, supieron desempeñar su oficio e incluso llegaron a celebrarse matrimonios mixtos que marcarían el inicio de una verdadera integración.
Bajo los soportales del antiguo mercado todavía se dan cita artesanos y mercaderes todos los domingos
Muchas son las teorias, historias y leyendas que circulan en torno a los cagots y su procedencia. A la palabra cagots (agotes en castellan), se le da el significado de "perros godos", "cas-gots", que por contracción deriva en "cagots". De la misma forma, si se suprime la "a" de "agote" nos queda "got", siendo ésta una traducción que favorece la opinión que da a los agotes procedencia goda; son los que afirman que después de la invasión de los francos, algunas familias visigodas se escondieron en los Pirineos habitando hasta nuestros días, en los barrios más miserables.
Otra teoría afirma que el témino cagots debe su origen a una palabra bearnesa que significa leproso y que aparece en unos texto fechados hacia el año 1300.
Hay autores que, por el contrario, señalan un origen bien distinto y afirman que durante la época de la Reconquista algunos musulmanes que fueron convertido por la fuerza al catolocismo, encontraron refugio en los altos valles pirenaicos, y del mismo modo que a los Cátaros y ciertas comunidades judias que fueron perseguidas, se les llamó despectivamente parias.
Interior de la iglesia, al fondo retablo del siglo XVII
Otra pista para darnos una idea de su origen sería uno de los nombres utilizados por los propios cagots, el de cristiano arriano, religión arrianista adoptada por los Lombardos, Visigodos y Ostrogodos, pueblos conquistadores que rapidamente fueron vencidos por los Francos. Posiblemente sus descendientes se refugiaran en lugares separados de los pueblos, mezclándose así con los leprosos que vivían apartados.
Si dudoso es el origen y procedencia de los cagots, no lo es, sin embargo, la mezcla de prejuicios y discriminaciones que han marcado su historia debido, quizás, a sus peculiares características físicas. Ciertos documentos describen a los cagots como pequeños, raquíticos, muy morenos, carentes del lóbulo de la oreja, con los pies y manos planas y deformes, y con bocio, enfermedad característica de pueblos privados de alimento yodado; además, el aislamiento y la consanguinidad podrían explicar la causa de su retraso.
Claustro de la iglesia de Campan del siglo XIV que alberga un cristo de madera del mismo siglo
Muchas eran las prohibiciones que pesaban sobre ellos: no aproximarse a otras personas, ni vivir en los mismo lugares; no entrar en la iglesia por la misma puerta que el resto de mortales, solo podian hacerlo por las puertas laterales; no ser bendecidos por la misma agua, así pues, se santiguaban en una pila de agua bendita aparte; no caminar con los pies desnudos, "privilegio" solo reservado a los pobres; no poseer ganado ni manipular los alimentos, viéndose obligados a anunciar su proximidad haciendo ruido con una carraca.
Podían ser carpinteros, toneleros o carreteros. Además, como la mayor parte de los instrumentos de tortura estaban confeccionados en madera, desempeñaban también el oficio de verdugo, lo cual no mejoraría para nada su reputación.