Tiempo: 6 h. 45'
Kilómetros: 24
Dificultad: baja, el tramo final de la bajada a Albanyá puede resultar
complicado a caminantes con poca experiencia.
Amanece en Can Quera
Can Quera no es una casa rural, es un palacio rural. Decorado impecablemente, invita al descanso y la piscina es una bendición para mis músculos doloridos. A lo lejos se deja entrever el mar, ese mar Mediterráneo que abandoné hace tan solo dos días y que será el final de esta aventura.
Cristina me enseña orgullosa sus dominios, ha visto pasar a mucha gente en los seis años que el “palacio” lleva abierto y tiene muchas historias que contar.
-"Una vez vino un inglés...""Otro que se medio muere" pienso yo, pero resulta que este vino en bicicleta desde Inglaterra siguiendo el “tour”.
-"Su mujer y sus hijos venían en avión y llegaron más tarde".
-"Pues hombre, si le hubieran puesto un dorsal al menos hubiera quedado segundo, ¡Qué velocidades!".
-"Otra vez llegaron tres chicos con un perro y se tuvieron que quedar porque el perro no quería seguir". Y así me habría estado contando toda la tarde si no tuviera cosas que hacer...
Por la mañana me despido de Can Quera a regañadientes y me acerco a La Vajol para desayunar y comenzar el día. En la tienda de Conxita uno encuentra todo lo que necesita para el camino y además ella también es amable y de fácil conversación, como Cristina. Le pregunto sobre unas minas de talco abandonadas y me dice que allí estuvieron escondidos personajes ilustres de la república en los tiempos en los que en este país reinó la sinrazón; Lluis Companys, Negrín e incluso el mismísimo Azaña. "Además guardaron oro y algunos cuadros del museo del Prado".
Comienzo mi jornada, paso por las famosas minas y continuo hacia Maçanet. Poco antes de llegar al pueblo las marcas se convierten en jeroglíficos y como encantado por sirenas me desvío de la senda sin casi darme cuenta, el bosque se vuelve sombrío, los árboles se retuercen en una mueca de dolor y los pájaros parecen guardar respeto. Una sensación extraña de que algo pasó en estos bosques hace tiempo me invade. "Tengo que preguntar a alguien en cuanto llegue al pueblo".
Caminando
En Maçanet tardo un poco en encontrar el camino, y al llegar a una granja encuentro una pareja de ancianos, me acerco a ellos con la intención de preguntar y antes de que pueda decir palabra, el hombre me lanza una pregunta de la que ya sabe la respuesta: "¿La GR verdad?, si es que ya se lo digo yo, que aquí todo el mundo se confunde. En Francia lo tienen muy bien marcado, si sólo tienen que pintar un par de líneas...". La mujer asiente y él gana confianza y me desvela lo que me encontraré por el camino. "Allá arriba hay una casa de nudismo", le miro a los ojos y no puedo evitar soltar una carcajada. Su señora le reprime como a un niño malo y yo sigo mi camino sin acordarme más del bosque.
La pista serpentea hacia Albanyá, el paisaje se transforma poco a poco y los alcornoques dan paso al pinar, los olores cambian, casi no puedo ver el paisaje encerrado como estoy. Dejo la pista para tomar una senda más agradable y entre la maleza sorprendo, me sorprende, un habitante de esos parajes, escapa despavorido y brama entre asustado y amenazante, yo le llamo para que me cuente historias del bosque, pero hace tiempo que dejó de confiar en el hombre; no me extraña, a juzgar por la cantidad de cartuchos que envenenan el camino. Desciendo hasta Albanyá y allí me recibe una graciosa familia sonriente y colorida.
5ème ETAPE LA VAJOL-ALBANYÁ
En el espejo
Can Quera n´est pas un gîte rural, c´est un palais rural. Impeccablement décoré, le lieu invite au repos et la piscine est une bénédiction pour mes muscles endoloris. Au loin, on entrevoit la mer, cette mer Méditerrannée que j´ai abandonnée il y a seulement deux jours et qui marquera la fin de cette aventure.
Fière de me montrer son domaine, Cristina me sert de guide. Elle a vu passer énormément de gens depuis que le “palais” a ouvert ses portes il y a six ans, et elle a beaucoup d´histoires à raconter.
"Un jour, un Anglais est venu par ici...""Encore un qui est à l´agonie" me dis je à moi même, mais en réalité, celui là était venu en vélo depuis l´Angleterre en suivant le “Tour de France”.
-"Sa femme et ses enfants arrivaient en avion plus tard".
-"s´il avait porté un maillot, il serait au moins arrivé second. Quelle rapidité!".
-"Une autre fois, ce sont trois garçons avec un chien qui sont arrivés, et ils ont du rester là parce que le chien refusait de repartir". Et elle aurait continué comme ça toute l´après midi si elle n´avait pas eu des choses à faire...
Au matin suivant, je quitte Can Quera à regret et je m´approche de la Vajol pour déjeuner et commencer ma journée. Dans le magasín de Conxita, je trouve tout ce dont j´ai besoin pour continuer mon chemin. Elle aussi est aimable et a la conversation facile, comme Cristina. Je l´interroge au sujet des mines de talc abandonées qu´il y a dans le coin et elle me dit que des personages illustres de la République se sont cachés là du temps où l´Espagne vivait dans le chaos. Lluis Companys, Negrín et même le futur président de la Seconde République Manuel Azaña; "en plus, ils ont caché de l´or et quelques tableaux du musée du Prado". Je commence ma tournée en passant par ces fameuses mines et je continue jusqu´à Maçanet. Juste avant d´arriver au village, les marques deviennent des hyéroglyphes et, comme charmé par des sirènes, je me détourne de mon chemin sans même m´en rendre compte, la forêt s´assombrit, les arbres se tordent dans une grimace de douleur et les oiseaux gardent un silence respectueux. L´étrange sensation que quelque chose s´est passé il y longtemps dans ces bois m´envahit. "Il faut que je pose la question à quelqu´un au village".
Familia feliz
A Maçanet, je mets un peu de temps à trouver mon chemin et, en arrivant à une ferme, je rencontre un couple de personnes âgées. Je m´approche d´eux avec l´intention de leur demander mon chemin et avant même d´avoir ouvert la bouche, l´homme me pose une question dont il sait déjà la réponse: "vous cherchez le GR, pas vrai? Je peux vous le dire moi, ici, tout le monde se trompe. En France il est très bien marqué, qu´est ce que ça coûterait de peindre deux lignes..?" La femme acquiesce et lui me révèle ce que je vais rencontrer sur ma route. "Là haut, il y a une maison de nudistes", je le regarde dans les yeux et ne peux m´empêcher d´eclater de rire. Sa femme le réprimande comme si c´était un gosse et moi je continue ma route en oubliant la forêt.
Le sentier serpente jusqu´à Albanyá, le paysaje se transforme peu à peu et les chênes-lièges cèdent leur place aux sapins, les odeurs changent, je ne peux presque pas voir le paysage tant la végétation m´enferme. J´abandonne le sentier pour en emprunter un autre plus agréable et, dans les fourrés, je surprends, ou plutôt je me fais surprendre, par un habitant de ces lieux. Il s´enfuit apeuré et lance un cri mi-peureux, mi menaçant. Je l´appelle pour qu´il revienne et me raconte des histoires sur la forêt, mais cela fait longtemps qu´il ne fait plus confiance aux Hommes. Ça ne m´étonne pas, à en juger par la quantité de cartouches qui enveniment le chemin. En fin, en descendant vers Albanya, une curieuse familla enjouée et colorée me reçoit.
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