Tiempo: 6 h.
Kilómetros: 18
Dificultad: Media-Baja. Precaución en las crestas con niebla.
Carrera las Tres Cimas
Cuando llego a Bidarray, el albergue de la asociación Auñamendi me recibe al pie de la GR; lo cual agradezco bastante porque ha sido una jornada bastante larga. Bidarray es un pequeño y tranquilo pueblo del Pirineo vasco donde sólo hay un par de sitios donde poder cenar. Elijo uno de ellos, en absoluto dejando la decisión al azar, y premio al cuerpo con una buena cena que será la energía para la etapa siguiente.
Un cielo completamente despejado sugiere que hoy va a ser un precioso día de verano; pero a estas alturas ya no me dejo engañar con promesas de lindos colores que a menudo se acaban convirtiendo en gris. Simplemente disfruto del frescor matinal y silbando alegremente comienzo a subir hacia el pico de Iparla. A la salida del albergue hay unos cuantos excursionistas esperando el momento adecuado para comenzar; me intereso por su destino y me confirman que van a seguir mi misma dirección –parece que hoy tendré compañía– pienso a la vez que caigo en la cuenta de que es sábado; es normal.
Continúo ascendiendo y silbando despreocupado cuando un ligero murmullo que poco a poco se va convirtiendo en un estruendo de elefantes en estampida, viene hacia mí imparable; vuelvo la cabeza y me aterrorizo al ver una muchedumbre de rostros serios corriendo tras de mí. Mentalmente voy repasando si ayer hice algo mal en el pueblo –la cuenta del restaurante la pagué, y a aquella simpática y risueña camarera con la que estuve bromeando ni siquiera le pregunté cómo se llamaba. No, definitivamente todos estos no vienen en mi busca.– Cuando el tropel de gente comienza a tragarme agacho la cabeza instintivamente por si he pasado algo por alto, al fin caigo en la cuenta de que se trata de una carrera pero continúo agazapado por un tiempo no sea que alguien me coloque un dorsal en la espalda, me dé una patada más abajo y me envíe montaña arriba como alma que lleva el diablo. Debe ser una carrera muy dura, porque dos tipos vestidos de superman cierran la comitiva, por si ocurre alguna desgracia, imagino.
Super Héroes
La marea humana se va perdiendo en la distancia y yo sigo mi camino, olvidando el susto. Conforme la montaña se vuelve más vertical la masa se va deshilachando y voy alcanzando a los más rezagados. Hay algún alegre paseante que toca una acordeón para animar el festejo y un asomo de cólera brota en mi interior; y no porque haya tanto bullicio en el monte, que siempre es interesante vivir una jornada festiva; sino porque entre tanta parafernalia, disfraces, instrumentos y demás, a nadie se le ha ocurrido traer una triste bota de vino a la que darle un abrazo.
A partir del pico Iparla la carrera toma un rumbo distinto y en la cima quedo sólo con una pareja de irlandeses. Contento y sorprendido de conocer a alguien de esas latitudes en las montañas, recuerdo feliz un pasado, todavía muy presente en mi memoria, en el que mi corazón se sentía hijo de la isla esmeralda. Mona y Eoin O’Sullivan desprenden la simpatía propia del pueblo irlandés y me cuentan que han decidido venirse a vivir a un pueblo del Pirineo central, y que están haciendo el camino a casa desde Hendaya. El descanso llega a su fin y nos despedimos deseándonos buena suerte en el camino..
La jornada todavía guarda un par montañas a las que ascender antes de dirigirse en una vertiginosa bajada por un precioso valle, del color de la tierra de los O’Sullivan, hasta Baigorry.
39ème ETAPE: BIDARRAY-BAIGORRY
Mona y Eoin O´Sullivan
Lorsque j´arrive à Bidarray, le gîte de l´association Auñamendi me reçoit aux pieds du GR, ce que j´apprécie car la journée a été longue. Bidarray est un petit et paisible village des Pyrénées Basques où il n´y a que deux endroits pour dîner. Je choisis l´un des deux, sans laisser cette décision au hasard, et je me récompense avec un bon repas qui me servira de carburant pour entamer la prochaine étape.
Un ciel complètement bleu laisse à penser que la journée d´aujourd´hui promet d´être merveilleusement estivale, mais l´expérience m´a enseigné à me méfier de cette belle couleur bleue qui souvent tourne au gris. Je profite simplement de la fraîcheur matinale et, sifflant guilleret, je commence mon ascension vers le pic d´Iparla. Devant le gîte il y a quelques randonneurs qui attendent le moment adéquat pour commencer, je leur demande où ils vont et ils me confirment qu´ils vont suivre la même direction que moi. “On dirait que je vais avoir de la compagnie aujourd´hui” me dis-je. Normal, je viens de me souvenir qu´aujourd´hui, c´est samedi.
Je continue mon ascension en sifflant, insouciant, lorsque soudain un léger murmure bientôt transformé en vacarme de troupeau d´éléphants en fuite se rapproche inexorablement de moi. Je tourne la tête et et je tremble en voyant une multitude de visages graves courant derrière moi. Je repasse dans ma tête ce que j´ai fait le jour d´avant au village : j´ai payé ma note au restaurant, et je n´ai même pas demandé à la serveuse simpathique et souriante avec qui j´ai discuté comment elle s´appelait. Non, c´est sûr, tous ces braves gens n´en ont pas après moi. Lorsque je me fais happer par le troupeau humain, je baisse instinctivement la tête au cas où j´aie oublié quelque chose sur ma journée d hier… je me convaincs finalement qu´il doit s´agir d´une course, mais je continue à me faire tout petit un moment, au cas où quelqu´un ait l´idée de me coller un dossard sur le dos, me donne un coup de pied plus bas et me fasse courir jusqu´au sommet de la montagne comme un possédé. Ce doit être une course très dure, parce que deux types habillés en superman ferment la marche, au cas où on ait besoin de leurs super pouvoirs je suppose.
Jorge en la cima
La marée humaine se perd dans la distance et je continue mon chemin, rassuré. Plus la montée est raide, plus la masse compacte s´effrite et j´arrive bientôt à la hauteur des retardataires. Un passant guilleret joue de l´accordéon pour animer la fête, mais la moutarde me monte au nez. Pas parce qu´il y a foule en montagne, il est toujours intéressant de vivre une journée de fête, mais parce que parmi tout cet attirail de déguisements, d´instruments etcétéra, personne n´a pensé à amener ne serait-ce qu´une miserable bouteille de vin pour boire un coup.
À partir du pic Iparla, la course prend une autre direction et je reste seul au sommet avec deux Irlandais. Content et surpris de rencontrer des gens de ces lattitudes au coeur de la montagne, je me souviens, heureux, d´un passé encore présent dans ma mémoire, où mon coeur appartenait à l´Île d´Émeraude.
Mona et Eoin O’Sullivan inspirent la sympathie propre du peuple Irlandais et ils me racontent qu´ils ont décidé de vivre dans un village des Pyrénées Centrales et qu´ils rentrent chez eux depuis Hendaye. La pause touche à sa fin et nous nous disons au revoir en nous souhaitant bonne route. La journée me réserve encore deux ascensions avant de se diriger, dans une descente vertigineuse par une magnifique vallée, couleur de la terre des O´Sullivan, jusqu´à Baigorry.
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