27/08/08.- El Consorcio Turístico del Pirineo Navarro ofrece un programa de visitas guiadas por las zonas de Salazar, Aezkoa y Camino de Santiago, una ocasión única para descubrir y conocer sus pueblos, sus iglesias, ermitas y hórreos que esconden una historia centenaria, así como una forma de vida, unas tradiciones y unas costumbres que a veces escapan al visitante.
Árbol
Bajo el título “Conocer nuestros pueblos”, el Consorcio Turístico del Pirineo Navarro ofrece la posibilidad de visitar distintos puntos en compañía de un guía que, con su conocimiento y explicaciones, permitirá a los visitantes acercarse a la historia y cultura de estos pueblos y a su patrimonio artístico.
Una de las propuestas es acercarse a la zona de Salazar-Navascués. La vida salacenca queda reflejada en las calles empedradas de los pueblos, en las casas tradicionales, en los palacios y escudos, iglesias, ermitas o retablos. Por ello, una de las visitas incluye una visita a Ochagavía, uno de los pueblos más representativos del Pirineo Navarro por sus casonas y escudos.
Caserío de Ochagavía (Foto: Jesús Erro)
La segunda posibilidad es conocer la zona de Aezkoa-Oroz Betelu, con una visita a Villanueva. Se trata de la típica villa aezkoana que conserva cuatro hórreos, construcciones conocidas desde épocas prerromanas. Los visitantes también pueden acercarse a la Fábrica de Armas de Orbaizeta cuya construcción marcó la historia de los pueblos del valle donde se conservan 15 de los 22 hórreos existentes en Navarra. Para poder construir dicha fábrica en el siglo XVII, Aezkoa cedió el bosque de Irati-Monte Aezkoa a la Corona española. Después, fue uno de los lugares por el que pasaron los mejores soldados del siglo XIX.
Fábrica de armas de Orbaizeta
La tercera ruta lleva a quien lo visita hasta la zona del Camino de Santiago para adentrarse en Valcarlos y Burguete. Valcarlos conserva su historia y, por su ubicación geográfica, ha sido lugar de visita de reyes, comerciantes, soldados, obispos o artistas. En cuanto a Burguete, nacido con ese nombre a la sombra de la Colegiata de Roncesvalles, es una localidad típica del Camino de Santiago que, siglos atrás, estuvo amurallada y ahora se abre al peregrino.