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San Martín de la Bal de Onsera. La gloria perdida (Sierra de Guara,Huesca)
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Inicio
Cultura y Patrimonio
Rutas culturales
2. Breve historia
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Uno de los pocos documentos literarios que, entre leyendas, encierra los tesoros históricos del viejo monasterio
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Difícil es la tarea de armonizar en San Martín la sabiduría de la historia con la arraigada tradición de los sentimientos. Mientras la primera afianza la idea de que el venerable obispo de Tours nunca pisó suelo hispano, la segunda, más aferrada a las demandas del alma que al rigor del espíritu crítico, construyó de esta hermosa manera, la legendaria comunión entre la vida del santo y el monasterio oscense.
El culto a San Martín, obispo de Tours (s. IV), se extendió por los Pirineos a partir del s. VI, y se cree que en San Martín de la Bal d'Onsera estuvo también San Úrbez, quien lo hubiera habitado como anacoreta hacia el año 750 d.C. Con estos datos, y a falta de fundamentos arqueológicos, se puede datar la fundación del monasterio durante el s. IX, aunque no aparecen documentos fechados que hacen referencia a este antiguo y famoso monasterio medieval hasta el año 1075.
Lo que sí es seguro es que dependió del Monasterio de la Real Casa de Jesús Nazareno de Montearagón en 1110, y que posteriormente se convirtió en monasterio femenino.
Las construcciones de la ermita, antiguo monasterio, han sufrido diversas reformas desde que, en el s. XVI, se abandonó el edificio por su estado ruinoso. La "esencia" original permanece en la pequeña iglesia incrustada bajo la roca y en la majestuosidad del entorno. Se atribuyen propiedades curativas al agua que brota en la fuente del interior de la iglesia, y el lugar está relacionado con el mito de la fecundidad. En la Edad Media acudían a él reyes y nobles aragoneses en busca de descendencia masculina.
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lugar visitado en la Edad Media por reyes y nobles
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El rey de Aragón Pedro IV acudió a San Martín de la Val d'Onsera para pedir un milagro: que su tercera esposa, Doña Leonor, tuviera descendencia, como así fue. Cundió el ejemplo entre los nobles, y se sabe que Don Alonso Felipe de Gurrea y Aragón, conde de Ribagorza, y su tercera mujer, Doña Ana de Sarmiento, cruzaron descalzos la Val d'Onsera en 1524 y pidieron lo propio, que también consiguieron al año siguiente.
Lo que hoy queda del santuario parece surgir de entre la misma roca, que se eleva metros y metros por encima. Una cortina de agua cae desde lo alto. Apenas los rayos del sol alcanzan a penetrar tal angostura entre los peñascos. A este lugar de la Sierra de Guara se accede tras una tortuosa travesía entre poblada vegetación, por un estrecho sendero de tierra que a veces discurre sobre las propias rocas.
No es de extrañar que al Valle se le llame de la Osera, pues seguro es que no hace muchos años estos animales, los osos, que tan abundantes fueron en Aragón eligieran este agreste y escondido paraje para habitar sus madrigueras.
Cuenta la leyenda...
...que existió un gigante, un “Home Grandizo” en un lugar llamado la Val d'Onsera. Dicen de él que caminaba acompañado de un enorme oso. Hay quien sitúa el lugar donde habitó ese ser legendario en la Val d'Onsella, en la comarca de Sos del Rey Católico, pero tampoco sería muy descabellado imaginar que este fantástico personaje hubiera habitado junto al Santuario de San Martín de la Val d'Onsera.
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El monasterio vió pasar mil seiscientos inviernos, mil doscientos de pleno esplendor
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