Siguiendo el curso del río Esca, que articula este territorio de norte a sur, iniciamos un recorrido por uno de los más bellos parajes de la montaña navarra.
Burgui
El Valle de Roncal, el más oriental y alpino del Pirineo navarro, está surcado de norte a sur por el río Esca, cuyas aguas además de estructurar este territorio y generar impresionantes paisajes naturales, se convirtieron durante mucho tiempo en la salida natural de los almadieros, vecinos del valle que a través de los ríos transportaban los recursos madereros hasta los lugares de venta.
El valle, que está integrado por los municipios de Uztárroz, Isaba, Urzainqui, Roncal, Vidángoz, Garde y Burgui, tiene una superficie de 415 kilómetros cuadrados donde el visitante puede disfrutar de la naturaleza, zambullirse en las tradiciones más arraigadas y practicar todo tipo de deportes de aventura.
Al Valle de Roncal, puede accederse a través de distintas carreteras: desde Salazar, por el Puerto de Lazar o por Vidángoz; desde Navascués, por el Alto de Las Coronas; desde la Canal de Berdún, por la localidad zaragozana de Salvatierra de Esca; desde el vecino valle de Ansó, por Garde o Belabarre, y desde Francia, por el Puerto de Ernaz o de la Piedra de San Martín.
Por su escarpada orografía, la agricultura no ha sido nunca la actividad económica predominante, muy al contrario su representatividad ha sido bien escasa en el modo de vida de los roncaleses. Su clima, húmedo, es propio de las zonas de alta montaña, con inviernos fríos donde la nieve y las constantes precipitaciones propician pastos abundantes para el ganado lanar. La ganadería, por tanto, y la explotación forestal han sido el motor económico del valle, que en los últimos
años ha apostado de forma decidida por el turismo
rural con la implantación de numerosos bares,
restaurantes y establecimientos hoteleros de primer nivel.
Almadias bajo el puente de Burgui
Burgui es la puerta de entrada al valle para todos aquellos visitantes que accedan por la vertiente sur. A sus pies, el río Esca talla la denominada Foz de Burgui entre las sierras de Illón y La Peña.
A la entrada de la localidad, nos recibe un bello puente medieval, testigo mudo de las andanzas de los almadieros, que, desde hace más de diez años, se convierte en el lugar elegido por muchos curiosos para revivir la bajada de estas peculiares balsas en el Día de la Almadía, una jornada festiva que sirve para rememorar el quehacer maderero de muchas gentes del valle. Esta estructura todavía conserva sus cuatro arcos originales, su viejo peralte y sus tajamares para rasgar las aguas del Esca. Las casas del municipio se agrupan en la margen derecha del río y presentan características propias de la arquitectura pirenaica, con tejados apuntados y chimeneas cilíndricas. El principal referente del arte sacro de la localidad es la Iglesia de San Pedro, que data del S.XVI y que alberga el órgano del Monasterio de Leyre, además de un retablo barroco del S. XVII y varios cálices de estilo gótico. Además, en Burgui pueden contemplarse las ermitas de Nuestra Señora del Camino y Nuestra Señora del Castillo.
Día de la almadía en el río Esca
Las fiestas patronales se celebran en honor de San Pedro a finales del mes de junio. Antes, a principios de mayo, la Asociación Cultural de Almadieros de Navarra organiza el "Día de la Almadía", en cuyas últimas ediciones se han contabilizado más de 7.000 asistentes. Además, en el municipio, se puede visitar el Museo de la Almadía y completar un itinerario de 6 kilómetros, que permite al visitante conocer, en contacto con la naturaleza, el proceso de construcción de las almadías, desde el momento en que se tala el árbol para extraer la madera hasta que la balsa se echa al río.
Desde el punto de vista gastronómico, destacan las tortas y el pan cocido en horno de leña.
El centro geográfico del valle lo constituye la villa
de Roncal, con calles empedradas y casonas de piedra. El edificio más emblemático del municipio es la Iglesia de San Esteban, un edificio del S.XV con planta de cruz latina y cabecera poligonal. En su interior, sobresale, el retablo mayor que presenta unas impresionantes columnas corintias en su arquitectura. Ahora bien, el tesoro más relevante de la villa es el legado personal y profesional del tenor Julián Gayarre, nacido en Roncal donde se ubican la Casa Museo del artista y el Mausoleo construido por su buen amigo, el escultor valenciano Mariano Benlliure.
Para conocer mejor la riqueza paisajística de la zona, nada mejor que visitar el Centro de Interpretación de la Naturaleza donde, a través de paneles y audiovisuales, nos acercamos a la flora y la fauna del lugar.
Las calles del valle del Roncal, escenario de "Obaba"
Roncal cuenta además con las ermitas de Nuestra Señora del Castillo y de San Sebastián de Navarzato.
Las fiestas patronales se celebran el 15 de agosto en honor de Nuestra Señora del Castillo y el producto típico de la localidad es el Queso de oveja, tipo Roncal. Sus habitantes, que tienen derechos sobre los pastos de las Bardenas, inician en septiembre la marcha trashumante con las ovejas, aunque la tradición se va perdiendo empujada por los medios de transporte actuales.
Otra de las poblaciones del valle es Urzainqui donde destaca la Iglesia de San Martín de Tours, un edificio gótico del S. XIV, realizado en piedra y ampliado un siglo después. Cuando el visitante recorre las calles de este pintoresco municipio, se topa con un crucero renacentista, erigido en el año 1598. Otro punto de interés lo constituye la Ermita de Nuestra Señora de San Salvador, que anteriormente actuó como iglesia parroquial.
Las fiestas patronales se celebran el primer domingo de agosto.
La siguiente parada en el camino es Isaba, en la actualidad, el núcleo de población más pujante del valle. La localidad se asienta en una zona elevada, en la confluencia de los ríos Belagua y Uztarroz que, a partir de ahí, constituyen el Esca. Sus casas tienen tejados empinados, cubiertas a dos y cuatro aguas y
grandes chimeneas redondas con tejadillo propio. En el casco urbano, llama la atención la iglesia de San Cipriano, construida en el S. XVI con aspecto de fortaleza. En su interior, alberga, entre otros
tesoros, un retablo mayor de estilo plateresco; una reja forjada, gótica, que separa la capilla mayor de la nave; una talla gótica de la Virgen con el Niño y un bello órgano barroco, construido en 1751. Dentro de su patrimonio sacro, también ocupa un lugar relevante la ermita de nuestra Señora de Idoya, en Arrako.
Isaba y el valle de Belagua
En la localidad, funcionan el Museo Etnográfico y el Museo de los Roncaleses donde se muestran herramientas y usos del patrimonio laboral y cultural del Valle.
Las fiestas patronales se desarrollan del 24 al 28 de julio en honor de Santiago Apóstol y la sugerencia gastronómica de la población nos lleva a la Venta de Juan Pito, un establecimiento donde, además de disfrutar de una panorámica singular, podemos degustar migas, carnes a la brasa y pacharán roncalés.
Isaba es, asimismo, el lugar idóneo para iniciar excursiones por los valles de Belagoa y Belabarce. El primero es un valle de tipo glaciar donde se encuentran las pistas de esquí de Larra-Belagoa, el barranco de Arrakogoiti y un gran dolmen de corredor rodeado por un cronlech. La carretera nos conduce hasta el Karst de Larra, que constituye uno de los parajes más impresionantes de Europa. En este escenario, son muy abundantes las simas, entre ellas la más conocida es la de la Piedra de San Martín, que desciende 1.340 metros.
De vuelta a los municipios que integran el valle,
hemos de mencionar Uztárroz, localidad donde el visitante podrá contemplar la Iglesia de Santa Engracia, que alberga un órgano considerado el mejor ejemplar del barroco navarro. La ermita de Nuestra Señora del Patrocinio es otro de los referentes religiosos de la población, que celebra sus fiestas en julio, en honor de la Virgen del Carmen. En esta localidad, se enclava el Museo del Queso donde además de conocer más a fondo el proceso de elaboración de este producto artesanal, tenemos la oportunidad de adquirir artículos agroalimentarios navarros de primera calidad.
En la villa de Garde, destaca la Iglesia de Santiago Apóstol y la ermita de Nuestra Señora de Zuberoa, enclavada en la ladera del Calveira.
Por último, Vidángoz es un pequeño núcleo de población que llama la atención del visitante por la disposición de sus
calles y la robustez de sus casas donde la piedra y la madera se fusionan de manera espectacular. Las calles de la localidad se llenan de vecinos y visitantes con motivo de las fiestas de San Agustín, que se celebran el último fin de semana de agosto. El acto más singular de estos festejos lo constituye la "Bajada de la Bruja Maruxa", que revive el gusto por lo esotérico y lo sobrenatural, tan arraigado en la población montañesa del pirineo navarro y oscense.
El Valle de Roncal es además un entorno idóneo para la práctica de todo tipo de actividades donde se combine el ocio, la naturaleza y el deporte. Así, los amantes del montañismo disfrutarán con las ascensiones al Anie y a la Mesa de los Tres Reyes (2.438 m), mientras que los espeleólogos tienen una cita obligada en los macizos kársticos de Larra. Con la llegada del invierno, se dispara la afluencia de esquiadores que acuden a las pistas del Valle de Belagoa y Abodi.
Camille 333
Practicar el senderismo y descubrir los parajes de Belabarce, Minchate y Zuriza (Huesca) son otras alternativas a tener en cuenta. En estos parajes, existe una gran variedad de ejemplares de flora y fauna, cuyos máximos representantes son el pino silvestre, el ciervo, el corzo el urogallo y el quebrantahuesos, sin olvidar por ello el oso que, a pesar de atravesar horas bajas, continúa luchando por sobrevivir en la cordillera pirenaica. El plantígrado que vive en Roncal se llama Camille y, de vez en cuando, causa estragos en los rebaños de la zona.
Desde el punto de vista gastronómico, el Queso de Roncal, elaborado con leche de oveja rasa, las migas y las carnes a la brasa son los platos estrella de la cocina montañesa.
Este valle es tierra de profundas tradiciones que han logrado sobrevivir al paso del tiempo gracias a la tenacidad de sus habitantes. Entre esas celebraciones, destaca "El tributo de las Tres Vacas", que cada año reúne en la Piedra de San Martín a alcaldes roncaleses y del valle francés de Baretous para cumplir con un ritual de hermanamiento de origen medieval. Es ésta una ocasión única para descubrir el traje típico de este valle navarro compuesto por sombrero de la tierra, capote y valona blanca.
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