|
|
Roncal, un valle donde la naturaleza se fusiona con la tradición
|
|
|
Inicio
Pueblos y Valles
Pirineo navarro
7.- FESTEJOS POPULARES: Tres propuestas que rememoran la tradición
-
El Tributo de las tres vacas, hermanamiento con sabor medieval
|
|
Tributo de las 3 vacas entre roncaleses y bearneses
|
Los amantes de la tradición tienen una cita obligada cada 13 de julio en la boca de la sima de San Martín para asistir a uno de los ceremoniales más llamativos del Valle de Roncal. Se trata de "El tributo de las Tres Vacas", un acto de origen medieval, sin parangón en Europa, cuyos orígenes se remontan a la sentencia arbitral dictada en 1375 por la que se ponía fin a los enfrentamientos entre roncaleses y baretoneses por la utilización de los pastos fronterizos. En realidad, era una contraprestación parcial por el aprovechamiento de pastos y aguas españolas durante 28 días al año. Para conmemorar ese acuerdo y reafirmar el hermanamiento entre estos dos territorios de ambos lados del pirineo, los siete alcaldes roncaleses, ataviados con el traje tradicional, reciben a sus homólogos del Valle galo de Baretous, en el Bearne, para consumar el tributo de tres vacas.
Es, en ese momento, cuando el primer edil de Isaba pregunta tres veces a sus vecinos franceses si están dispuestos a pagar el tributo de las tres vacas, que han de cumplir las siguientes condiciones para ser aceptadas: tener dos años, compartir pelaje y dentaje, y no tener tacha alguna. Antes de entregar a los animales, las autoridades allí reunidas ponen mano sobre mano en la muga y repiten tres veces la frase ritual: Pax avant, es decir paz en adelante.
Después de ser reconocidas por el veterinario, las
vacas son aceptadas y comienza el reparto de los
ejemplares: dos quedan para Isaba y la otra se reparte entre las villas de Uztárroz, Urzainqui y Garde en turno anual riguroso. A continuación, se designan los cuatro guardas, dos de cada lado de la frontera, que durante ese año se encargarán de cuidar los puertos de Ernaz y Larra. El acto termina con una suculenta comida en territorio
español donde los alcaldes de Roncal agasajan a los representantes del Baretous con carnero asado, tal como manda la tradición. El acontecimiento histórico, que cada año reúne a curiosos venidos de España y Francia, se ha convertido en una de las citas imprescindibles del calendario lúdico del Valle de Roncal.
-
Burgui revive la tradición de las almadías
|
|
Bajada de almadía por el río Esca
|
A principios del mes de mayo, se celebra en la localidad de Burgui el "Día de la Almadía", una jornada festiva organizada por la Asociación Cultural de Almadieros Navarros, que sirve para revivir una de las tradiciones más representativas del Pirineo: el descenso de las almadías por el río Esca. Miles de curiosos se acercan ese día hasta la localidad pirenaica para contemplar la bajada de tres almadías por el río hasta completar un recorrido de 5 kilómetros, que comienza en el término de Oleguía y concluye en el puente medieval de Burgui. Además, en el transcurso del acto, se hace entrega de la Almadía de Oro, un galardón que premia la labor desarrollada por distintas personalidades e instituciones del mundo de la cultura, el deporte o las ciencias. En años anteriores, han recibido esta distinción nombres ilustres, como Miguel Indurain, Iñaki Perurena, José María Jimeno Jurío o los hermanos Estornés Lasa.
La explotación forestal de la madera y su transporte fluvial, que ya han perdido vigencia, constituyeron durante muchos años la principal fuente de riqueza de los valles navarros de Roncal, Salazar y Aézkoa. Los recursos forestales se trasladaban a través de los ríos hasta los lugares donde podía ser vendida para su
transformación. Las estructuras que formaban los
maderos es lo que se denomina almadía. Se trata de una balsa formada por varios tramos de maderos de idéntica longitud, atados entre sí mediante jarcias vegetales, con remos en la punta y en la zaga, cuya misión es dirigir la balsa por el cauce del río. La construcción de la almadía comenzaba en el bosque con el talado de los árboles. Después, se procedía a destajarlos para
dividirlos más tarde en varios maderos de longitud
variable, que recibían el nombre de decén cuando
medían cinco varas; docén, cuando medían seis;
catorcén, a los de siete varas, y secén, a los de
ocho. Cuando los maderos medían más de ocho metros se llamaban aguilones y cuando oscilaban entre 8 y 12 metros, se denominaban velas. Tras escuadrar el tronco, éstos se marcaban con un cordel impregnado en carbonilla que se extiende a lo largo del mismo en ambos costados.
|
|
Almadias bajo el puente de Burgui
|
A continuación, los almadieros más veteranos de la cuadrilla llevaban a cabo lo que se conoce como tallado o labrado a escuadra. Una vez terminada esta tarea, que requiere experiencia y saber hacer, se sacaba el tronco del bosque aprovechando los descensos de los barrancos o mediante el arrastre de machos o mulas. Cuando los troncos llegaban a la orilla del río, se taladraban los extremos para unirlos después con jarcias vegetales. En este momento, las almadías ya estaban listas para navegar por el río.
|
|
Día de la almadía en el río Esca
|
La profesión de almadiero requería gran destreza para conducir la balsa por los diferentes tramos del río sin que ésta chocara con piedras u otros obstáculos y acabara naufragando. Durante los trayectos, que tenían duración variable, eran frecuentes los accidentes de diferente gravedad que, en más de una ocasión, se cobraban la vida de los almadieros. Los hombres roncaleses utilizaban tres rutas para transportar la madera: la primera era la del río Aragón, que iba desde Hecho y se unía a la de Aragüés para pasar por
Embún y Sigüés, hasta llegar a Sangüesa. El segundo trazado, que transcurría por el río Esca, recorría el Valle de Roncal, pasando por Salvatierra y Sigues, hasta desembocar en el río Aragón. La tercera de las rutas era la que surcaba el río Salazar, que recorría el valle del mismo nombre, hasta llegar a Navascués y Lumbier, donde se unía al río Iratí para continuar hasta Sangüesa. En este punto, se localizaba el Matral, un tramo de aguas tranquilas donde las almadías se unían de dos en dos para proseguir el camino hacia La Ribera de Navarra, Zaragoza o Tortosa.
-
Vidángoz recupera el legado de las brujas
|
|
Vidangoz en el Valle de Roncal
|
Aprovechando los últimos compases de la temporada estival, la localidad pirenaica de Vidángoz, en el Valle de Roncal, revive otro de los festejos más arraigados de la zona: la "Bajada de la bruja Maruxa". La celebración, que congrega a visitantes procedentes de los valles colindantes, comienza en el enclave conocido como Pitxorronga donde, a través de un cable, la bruja se desliza hasta el pueblo. Durante el trayecto, Maruxa no está sola; la acompañan los jóvenes de la localidad, ataviados con vestimentas negras a la usanza de los antiguos brujos que, según cuenta la tradición, habitaban estos parajes. Ellos son los encargados de encender una hoguera en lo alto de la peña donde van prendiendo sus antorchas con las que iluminan el camino hasta llegar al pueblo donde los asistentes les esperan ansiosos.
La nocturnidad, la temática de la fiesta y las ganas de diversión son el cóctel perfecto para trasladarnos aunque sólo sea por unas horas a un ambiente más propio de un aquelarre que de una fiesta popular de nuestro tiempo. A continuación, todas las miradas se dirigen al balcón de Casa Sachena desde donde se lee el pregón de las fiestas de San Agustín y donde aparece Maruxa, en carne y hueso. Después, la bruja acompañada de toda su corte emprende un pasacalles por la localidad hasta llegar a la plaza donde comienza el baile.
Esta fiesta, que ya ha cumplido más de dos décadas de existencia, es una muestra inequívoca de que el Valle de Roncal es también un territorio de brujas, que se encuentra al mismo nivel que Zugarramurdi, a pesar de que su fama sea menor. Los documentos demuestran que la inquisición trabajó aquí a destajo para acabar con los supuestos aquelarres que se celebraban en los
claros del valle. Las habladurías dicen que en los
municipios de Roncal todavía viven mujeres mayores que son brujas y las leyendas más truculentas llegan a asegurar que una vecina muerta de Burgui daba vueltas en el féretro.
Aunque el sentido común, nos hace pensar que todos estos personajes fueron, entonces, y son, ahora, curanderos que aprovechaban las
propiedades medicinales de las hierbas para sanar la enfermedad o paliar sus efectos, lo cierto es que hay un proverbio vasco que reza: lo que tiene nombre existe.
|
El rio Esca atravesando el Valle de Roncal
|
|
Recibe nuestro boletin de noticias
Ofertas viajes
Apartamentos situados en el centro de Ainsa completamente nuevos. Descubra la belleza de esta localidad medieval declarada Conjunto Historico Artístico.
Ofertas
En pirineos.com le ofrecemos la manera más rápida, efectiva y directa de llegar a sus potenciales clientes interesados en sus productos y/o servicios. En InfoPirineo le ayudamos a que le encuentren en internet. Si no se anuncia en pirineos.com, no existe en la red.
|