Pirineo, Pirineos


La Fauna en el Pirineo


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Índice

1. Introducción

2. La fauna en la alta montaña

3. La fauna en los bosques

4. Las grandes rapaces pirenaicas

Galería fotográfica



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Grupo de sarrios (Rupicapra pyrenaica) en pradera alpina
2.- LA FAUNA EN LA ALTA MONTAÑA
Quizás el mamífero más característico del pirineo sea el sarrio ó rebeco (Rupicapra rupicapra pyrenaica). Este animal se distribuye en alturas comprendidas entre los 1.000 y 3.000 metros. Un rasgo característico de esta especie son los desplazamientos altitudinales que realiza al ritmo de las estaciones, a modo de cortas trashumancias. En invierno, empujado por la nieve, desciende hasta el límite superior de los bosques y al interior de estos, donde encuentra cobijo y alimento. Durante esta etapa mueren numerosos sarrios viejos y debilitados, pero sobre todo se producen muchas bajas entre los cabritos nacidos durante la primavera. Pasada la época más dura del invierno y a medida que la nieve va desapareciendo de los prados alpinos, los pequeños grupos de sarrios van progresando en altitud en busca de los pastos mas tiernos, concentrándose en verano en los prados y picos mas altos. El celo de los sarrios tiene lugar en el mes de noviembre y el parto en la primavera tras cinco meses de gestación. Desaparecidos sus depredadores naturales, hoy en día los sarrios adultos solo temen al hombre, que los mata para conseguir su trofeo. El zorro y el águila real, causan algunas bajas entre recién nacidos y jóvenes enfermos. A pesar de la incesante degradación que el hombre está ejerciendo sobre su hábitat, existe una importante población de sarrios en el Pirineo aragonés.

No sucedió lo mismo con el bucardo (Capra pyrenaica), que siendo una especie de media montaña, fue empujado por la caza y alteraciones de su medio a zonas mas altas, en las que se dan unas condiciones climáticas muy extremas, para las que probablemente no estaba bien adaptado. El bucardo era una subespecie diferente del resto de las cabras monteses españolas. De tamaño más robusto que el sarrio, el macho destacaba por su gran cornamenta, con marcadas rugosidades anulares, siendo los cuernos de las hembras bastante mas pequeños. Demasiado confiado en sus dotes de "escalador", eficaz contra lobos y osos, no ha resistido a los años de caza furtiva y el último ejemplar de bucardo murió en el año 2000, desapareciendo una de las mas preciadas joyas de la fauna peninsular.


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Marmota (Marmota marmota)
Desde hace unos años los prados alpinos del Pirineo cuentan con un nuevo habitante, se trata de la marmota alpina (Marmota marmota). La aparición de este simpático roedor en nuestras montañas, se debe a la introducción de esta especie en el Pirineo francés y la expansión del mismo puede ser debida a las mejores condiciones ecológicas que se dan en la vertiente española. Es el roedor mas grande de la fauna ibérica, de estructura maciza, tiene las patas cortas, lo mismo que las orejas y su cabeza es ancha y redonda. La cubre un espeso pelaje de color pardo grisáceo en el dorso, siendo su parte inferior amarillenta. Vive en colonias subterráneas, excavando profundas y complicadas galerías donde se desarrolla gran parte de su biología. Es muy característica la figura de la marmota erguida sobre sus patas posteriores, así como sus chillidos, de distintos significados, entre otros, el de avisar a sus congéneres de algún peligro cercano, para que todos se refugien en sus madrigueras. Se alimenta de gramíneas y otras plantas herbáceas, siendo su principal depredador el águila real. Cuando llegan los primeros fríos, las familias de marmotas se introducen en sus madrigueras, previamente acondicionadas, para realizar la hibernación, que puede durar hasta seis meses.

También encontramos armiños (Mustela erminea), que viven en el prado subalpino, en lugares soleados y con abundante agua. Su cuerpo es alargado y flexible, con extremidades cortas y perfectamente adaptado a la vida subterránea, donde encuentra cobijo y la mayor parte de su alimento. Se trata del mamífero peninsular en el que el cambio estacional del pelaje es más evidente. En verano tiene el dorso de color pardo y su vientre blanco amarillento, mientras que en invierno su pelaje se vuelve totalmente blanco, excepto la punta de la cola, que es negra. Asimismo, en la alta montaña pirenaica habitan un gran número de micromamíferos (musarañas, ratas, ratones, topillos etc.), que debido a su pequeño tamaño y a sus costumbres son difíciles de observar. Entre los mas representativos podemos citar al topillo nival (Microtus nivalis), la musaraña alpina (Sorex alpinus) y la musaraña enana (Sorex minutus).

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Chovas piquigualdas(Pyrrhocorax graculus)
Las chovas piquigualdas (Pyrrhocorax graculus) alegran con su silueta los abruptos parajes montañosos, donde aprovechan las abundantes corrientes de aire para realizar espectaculares acrobacias. Su plumaje es totalmente negro, las patas rojas y el pico amarillo. Anida en grietas y simas por encima de los 1.800 metros y durante los días mas duros del invierno, suelen descender a las zonas bajas de sus valles, aunque algunos grupos permanecen en la alta montaña, alimentándose de residuos que encuentran en los vertederos. Son aves muy sociables que raramente se encuentran aisladas, formando bandos a menudo con su próximo pariente, la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax).

Otras aves características del piso alpino son la perdiz nival (Lagopus mutus), el gorrión alpino (Montifringilia nivalis), el acentor alpino (Prunella collaris), la bisbita ribereña alpina (Anthus s. spinoletta) y el treparriscos (Tichodroma muraria). La perdiz nival es una reliquia viviente de las glaciaciones cuaternarias, que la empujaron hasta nuestra península. Al retirarse los hielos, se refugiaron en las cumbres de los Pirineos, por encima de los 2.000 metros, de donde no descienden ni siquiera en invierno, ya que están perfectamente adaptadas para sobrevivir en las condiciones más adversas. Su denso plumaje cubre incluso las patas y los dedos y excava madrigueras en la nieve para protegerse de las tormentas y de las gélidas noches invernales. Además, para pasar inadvertida a sus depredadores, tiene la particularidad de mudar su plumaje, siendo enteramente blanca en invierno y moteada de pardo en verano, excepto sus alas y vientre que siempre son blancas.

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Quebrantahuesos joven (Gypaetus barbatus)
El treparriscos es una de las aves más bellas que habita en los altos roquedos pirenaicos. Tiene el dorso grisáceo y negros el vientre y parte inferior del cuello, siendo las alas rojas con algunas manchas blancas; complementa su atractivo el vuelo titubeante parecido al de una mariposa. Durante el invierno abandona las grandes alturas y desciende a los roquedos de las sierras exteriores.
Pero el ave más impresionante que anida en las grandes paredes verticales del Pirineo es el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). Su silueta se asemeja a la de un gigantesco halcón. Tiene las alas estrechas y su envergadura puede alcanzar los 2.70 metros; la cola también es larga y en forma de rombo. Alas, cola y dorso son de color gris pizarra, mientras que la cabeza y el pecho varían del blanco al anaranjado. Cada pareja domina un extenso territorio, donde se encuentra su nido, que es muy voluminoso y está formado por ramas y lana. Cada primavera sacan adelante un único pollo, que vuela a los cuatro meses de edad. Durante los primeros años los jóvenes son de color pardo oscuro. Una parte importante de su dieta esta constituida por huesos, y cuando son demasiado grandes para ser engullidos enteros, los deja caer sobre las rocas de su "rompedero", para que se fragmenten y así aprovechar su médula. A principios de siglo, esta majestuosa ave poblaba la mayoría de las grandes sierras de la península, pero el veneno, los cazadores y los coleccionistas han dejado la población española reducida a poco mas de cuarenta parejas que habitan en los Pirineos.


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Lagarto entre las hierbas
Para los anfibios y reptiles, la vida en la montaña resulta especialmente difícil, por carecer de mecanismos de control de la temperatura interna. A pesar de esto, algunas especies se han adaptado para vivir donde los rigores climáticos son extremos; es el caso de una especie de lagartija autóctona que habita en las gleras alpinas denominada Lacerta montícola bonnali.

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