Las grandes rapaces siempre se han perseguido y solo han encontrado refugio en las tierras más inaccesibles de la montaña, a menudo en refugios muy altos. A pesar de la protección de la que se benefician desde hace una veintena de años, no consiguen recolonizar planicies y tierras bajas. Es cierto que las actividades humanas no les dejan más que un lugar marginal en un campo aséptico, enteramente dedicado a la agricultura intensiva.
Los Pirineos han sido el último refugio de algunas especies, abrigando también otras rapaces conocidas en otras montañas. Hay que estar con el ojo abierto al cielo para observar a veces la silueta furtiva, o a veces al contrario, en medio del cielo, alguna de las grandes rapaces en su medio natural.
En las proximidades de los acantilados podemos presenciar al halcón peregrino. Parece sorprendente clasificar al halcón dentro de las "grandes rapaces", pero los problemas que esta especie ha conocido le han valido un lugar destacado en la lista mundial de especies amenazadas en los años 70 aunque actualmente se encuentra en expansión demográfica.
No hay ave que se pueda comparar en majestuosidad al águila real (Aquila chrysaetos). Esta enorme rapaz vuela sobre las cumbres montañosas, escudriñando el cielo y la tierra en busca de alguna presa, sobre la que lanzarse a una velocidad vertiginosa. Un ave de este tamaño necesita para si y para sus crías un área de caza muy extensa, por lo que demuestra una agresiva territorialidad frente a sus congéneres y otros posibles competidores. Aunque no desdeña las presas muertas, el águila es ante todo un cazador que, en los Alpes, está más o menos especializado en la captura de marmotas. Ciertamente, la marmota ha sido introducida en numerosos lugares y con gran éxito en los Pirineos, pero su presencia no está generalizada todavía y las águilas deben contentarse con presas más pequeñas: ardillas, ratones del campo, topos o reptiles constituyen su alimento común, pero la ocasión ofrece a veces un pájaro o incluso hasta una liebre.
Alimoche común (Neophron percnopterus)
Otro carroñero llega cada primavera, desde África, para anidar en estos parajes, se trata del alimoche (Neophron percnopterus). Es el mas pequeño de nuestros buitres. Este pequeño carroñero migratorio ha desaparecido en numerosas regiones montañosas donde anteriormente era una especie común. Tiene el plumaje de color blanco con una franja negra en las alas y vive en parejas aisladas unas de otras, algunos pájaros se pueden encontrar sobre cadáveres de animales o incluso sobre montones de basura. Pero el Alimoche es muy oportunista y puede comer más o menos cualquier cosa: desde los huevos de avestruz de África, rotos con ayuda de piedras utilizadas como herramientas, hasta incluso desechos de ovejas.
Buitre leonado en pleno vuelo
Sin embargo, quizás el mas representativo de estos parajes sea el buitre leonado . Este gran carroñero es muy gregario y tiene sus colonias de cría localizadas en cornisas y cuevas de grandes paredes verticales. En la búsqueda de su alimento, realiza largos desplazamientos, sin apenas gasto de energía, gracias a una anatomía adaptada para el planeo y a su dominio de las corrientes térmicas. Su dieta está constituida exclusivamente por animales muertos, que localizan gracias a su prodigiosa vista en vuelo, y en muchas ocasiones son los córvidos quienes delatan la presencia de algún cadáver. Cuando el buitre se sumerge en una supuesta comida, todos los demás, vigilando de lejos a sus congéneres, convergen sobre el sector y se forma una tropa escandalosa que limpia el cuerpo, sin dejar más que la osamenta más dura. El comportamiento de los buitres sobre un cadáver permanece social, regulado por las relaciones de dominancia temporal: el pájaro más hambriento y más agresivo se sirve solo del cadáver, después su agresividad y su hambre se debilitan, su dominancia decae, un nuevo candidato más agresivo le sustituirá.
Durante el encarne de los buitres, un gran pájaro planea a menudo a una cierta distancia y toma sus puntos de referencia. No tiene prisa y vuelve más tarde, a menudo mucho más tarde. Es el quebrantahuesos, la rapaz más grande de nuestra fauna. Se trata sin duda del ave más atractiva que anida en los acantilados de estas montañas. La particularidad más sorprendente de este pájaro es el de ser un comedor de huesos; este pájaro es capaz de tragarse sin rodeos una pezuña de vaca, aunque la osamenta sea demasiado voluminosa para ser tragada tal como está. El pájaro los traslada en sus garras y deja caer los huesos desde varias centenas de metros de altitud sobre un lugar rocoso, donde podrá recuperar los restos y tragarlos sin dudarlo. El quebrantahuesos es (junto con el águila perdicera) el rapaz más amenazado de nuestra fauna. Las parejas diseminadas a lo largo de la cadena pirenaica son seguidas con asiduidad desde hace más de una veintena de años y actualmente se lleva a cabo un programa de reintroducción en los Alpes.
Buho chico (Asio otus)
El búho real (Bubo bubo) es la mayor rapaz nocturna que existe. Tiene el plumaje pardo manchado de negro, la cabeza está coronada por dos penachos de plumas eréctiles. Sus inquietantes ojos son de un vivo color anaranjado. Alcanza un envergadura alar superior al metro y medio. Es un formidable cazador que se alimenta casi exclusivamente de presas vivas, de naturaleza variable según las zonas, pero en todas ellas se ha mostrado como un excelente destructor de córvidos y roedores.
Ciertamente, habría que tener mucha suerte para ver todos los pájaros en un solo paseo por la montaña, pero con un poco de perseverancia, muchos podrán cruzarse un día con estos animales de leyenda en su refugio pirenaico.