Pirineo, Pirineos


Pastor trashumante, un oficio en peligro de extinción


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1.- Índice
2.- Introducción
3.- El pastor
4.- Las ovejas
5.- Cultura y costumbres pastoriles
6.- La trashumancia, de la montaña a la tierra baja
7.- Las cabañeras
8.- Construcciones pastoriles
9.- Medidas de conservación
10.- Ferias y encuentros de ganado
11.-Galeria fotográfica


3. EL PASTOR

EL TRABAJO DIARIO DE UN PASTOR

El estilo de vida pastoril es común al de todos los trashumantes. El trabajo diario del pastor depende sobre todo de la época del año y de cómo salga el día. Durante el invierno se suele trabajar desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde, teniendo que soportar el sol, el frío y el agua que cae. Hay que salir al campo, sacar las ovejas y estar con ellas. Por la mañana, antes de que salgan se les da un poco de cebada envuelta con paja y cuando ya han comido, si no llueve, se sacan a pastar al campo. El día que llueve se quedarán todo el día encerradas y cuidarán a los corderos. En estas fechas la jornada es muy corta y casi no ha y pastos por lo que las ovejas se llevan a la hoja de remolacha si no ha llovido, puesto que si la tierra está húmeda no se puede pisar por los desperfectos que se producen.
Cuando más trabajo dan las ovejas es en la primavera, porque se hacen criar en el mes de mayo o primeros de junio y hay que estar muchas horas con las crías. También hay que ayudarlas cuando empiezan a parir y cuando ha nacido el cordero hay que ponérselo a la madre para que mame. Si la oveja no quiere al cordero que ha parido, entonces hay que meter a los dos en una jaula que hay preparada para estos casos. La jaula tiene un amarre que se ata a la cabeza de la oveja y así, quiera o no quiera, tiene que dar de mamar al cordero.

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En el verano se suele hacer jornada partida; las ovejas salen al campo desde las seis de la mañana hasta las once u once y media, según el calor y luego se las encierra hasta las cinco o las seis de la tarde, según cómo esté el día. En esta época del año, después de que se ha cosechado y recogido el cereal, se permite la entrada de los rebaños a pastar en estos campos, recibiendo este hecho el nombre de "entrar en la rastrojera". En octubre, cuando ya se ha vendimiado, se lleva el ganado a comer la hoja de la viña; es al atardecer cuando mejor se comen las ovejas la hoja de las cepas y algunos días también se va hacia el monte para que coman bellotas.

Hasta hace algunos años, para referirse a la contratación de los pastores se decía ajustar. Se ajustaban por un número determinado de fanegas de trigo que se entregaba al pastor en pago por su trabajo y la fanega equivalía a 43 kilos. Se solían ajustar en el mes de marzo o abril para empezar a trabajar el día treinta de junio, es decir, un día después de la celebración de San Pedro, aunque algunos lo hacían el día de Santa Isabel (2 de julio). El ajuste se hacía por un año completo y se trabajaba hasta el último día, cosa que hoy no ocurre.

EL PERRO PASTOR

Los perros pastores han estado ligados al ser humano casi desde su domesticación, al inicio el perro ayudaba en las cacerías y a medida que el hombre se hizo más sedentario y crió animales para su consumo, el perro empezó a ser un compañero de trabajo, ya que a parte de ayudarle a conducir el ganado, también se convirtió en feroz guardián del rebaño de su dueño. Por esto no es de extrañarse que los mejores perros para el trabajo de guardia y protección sean perros del grupo de pastoreo o boyeros. Los perros pastores son aquellos animales que circulan o rodean al ganado aviar, ovino, caprino ó bovino, manteniéndolo agrupado. Los perros boyeros son aquellos que conducen al ganado bovino exclusivamente evitando también que se separen. Por último tenemos a los perros que cuidan al ganado, la función de estos perros es vivir con el ganado para cuidarlo de cualquier depredador, ya sea humano o animal.

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60.- El perro del pastor constituye una ayuda imprescindible para su amo

En definitiva, el pastor no puede soltar el ganado sin el perro. Para hacerse con uno de estos perros, el pastor lleva a su perra a cubrir (a poder ser de un perro bueno) y a los dos meses suele parir tres, cuatro o hasta ocho o más perros. Una vez han nacido los perros, se escoge el que parece el mejor y, cuando ya tiene tres o cuatro meses, se le empieza a llevar al ganado para ver cómo responde. Algunas veces no queda otro remedio que sacrificar el perro, porque no sirve para cuidar el rebaño. Si esto ocurre, se espera al próximo parto de la perra y se vuelve a dejar el que se cree que resultará un buen perro. Cuando se le empieza a llevar al rebaño se ve si el perro responde bien. A los cinco meses, empieza a correr tras las ovejas y, por mucho que le llames, no hace ni caso; pero no se le puede castigar porque luego se acobarda y pasa lo mismo que con el primero.

Buena es la paciencia que hay que tener con estos perros a esa edad, pero hay que tomárselo con calma y reconocer que no todos valen para enseñar a un perro a guiar el ganado. El perro suele portarse así hasta que cumple el año o el año y medio. A partir de esa edad ya está bien adiestrado y, desde ese momento, es increíble las cosas que llega a hacer: hace siempre lo que le dices y va a donde le mandas. Si le mandas por la orilla, él va por su orilla castigando sólo a la oveja que hace mal y que se mete donde no debe. Y no sólo eso, sino que hay algunos perros que no dejan arrimarse a ningún extraño al rebaño o, simplemente con que alguien se acerque al pastor, ya le están enseñando los dientes. Tanto es así, que me atrevería a decir que el perro del pastor tiene tanto conocimiento como algunas personas.

LA INDUMENTARIA DEL PASTOR


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La manta del pastor es cuadrangular y esta hecha con lana de oveja
Hasta los años setenta, la indumentaria del pastor constaba de las siguientes piezas:
  • Manta: prenda cuadrangular de lana de oveja, a cuadros y en tonos blancos y negros.
  • Zahones: consistían en una prenda de piel de vaca que cubría el vientre y las piernas por la parte delantera. Estaban confeccionados de una sola pieza y se asemejaban a un mandilón con la parte inferior partida en dos para permitir el movimiento de las piernas.
  • Polainas: consistían en dos piezas que se adaptaban una a cada pierna por encima del pantalón. Se utilizaban para protegerse contra el frío y la maleza del campo y estaban confeccionadas también con piel de vaca.
  • Pellejos: piel de oveja que cubría los pies hasta los tobillos. Se utilizaban en los días de lluvia y nieve y eran muy eficaces para proteger los pies de la humedad.
  • Peales: eran una especie de calcetines gordos de lana de oveja. Esta lana era hilada por las pastoras, quienes hacían a mano también los peales.
  • Abarcas: eran una especie de sandalias hechas con goma de la cubierta de las ruedas de los coches. Tenían un capillo para sujetar el pie por la parte de adelante y se ataban con correas al tobillo.
  • Tapabocas: prenda a modo de bufanda. Estaba tejida con lana similar a la de las mantas de campo y tapaba la cabeza y el cuello.
  • Gorra: también llamada boina. Siempre de color negro, aunque el sol y las inclemencias del tiempo acababan por darle un tono amarronado.
  • Cachava ó cayada: palo recto que llegaba aproximadamente desde el suelo a la cadera y que tenía una curva en el extremo superior para cogerla con la mano. Se utilizaba para ayudarse en el caminar por terrenos difíciles, para apoyarse en ella en momentos de descanso y para poner orden entre el ganado cuando se desmandaba.
  • Zurrón: especie de mochila en la que los pastores llevan su comida y otros utensilios de utilidad. En la antigüedad los zurrones se realizaban con las pieles de las ovejas y las cabras, curtiéndolas con leche y sal y dándoles en el plegado de las mismas la forma final del zurrón. La piel del cuello del animal servía a modo de cierre o “tapa” del zurrón y los laterales se cosían con una mezcla de cuero y lana resultante de la limpieza de los bordes del mismo. Hoy en día los pastores llevan modernas y cómodas mochilas con numerosos compartimentos y ligero peso.

En la actualidad es raro el pastor que usa zahones, polainas, peales, albarcas, etc. Ahora se visten como cualquier otro hombre, no duermen en el campo, guardan varios días de fiesta al año y llevan transistores para entretener el rato. Antes se aprovechaban las largas horas para hacer chiflos, cachavas, badajos y otros útiles de trabajo.



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57.- Cachava o cayada del pastor

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58.-El bastón le sirve al pastor para caminar por terrenos difíciles o poner orden en el rebaño

LA ALIMENTACIÓN PASTORIL

Dentro de la alimentación típica de los pastores, podemos hablar de una gastronomía pobre pero autóctona. El cordero es la principal materia y junto a él los cereales, trigo en especial, con el que elaborar el pan. Uno de los platos más típicos es la caldereta de cordero y la forma más sencilla de guisarla es la manera primitiva de elaborarla; a base de carne de ovino, ajos, aceite, agua y sal y/ o laurel; todo ello muy fácil de llevar por los pastores.

Otro derivado del cordero, más concretamente de la oveja, es la cecina. La salazón de oveja, cabra, burro, ternera, gamo, etc., se conoce con el nombre de cecina o salado; para ello el animal ha de ser "gordo y bueno", se ha de deshuesar con destreza a fin de que la pieza quede entera, ha de quitarse el sebo de los riñones y rociar toda la carne con abundante sal, enrollarla a fin de que ni un solo trozo quede sin ser tocado por el conservante natural y, a las veinticuatro horas, limpiarla y colgarla a secar. Los trashumantes llevan en su zurrón cecina para las largas caminatas, pero la cecina se utiliza también en las casas para elaborar con ella suculentos cocidos, a base de garbanzos, col, patata, hueso de jamón, chorizo y tocino. Podemos aventurar que esta sería la principal comida de nuestros antepasados, sin patata obviamente y sin chorizo, y con abundancia de huesos de los que aprovechaban el tuétano por el vigor que les proporcionaba.

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Las sopas y migas de pastor tienen como ingrediente básico el pan

Pero sin duda alguna, los platos más típicos son las sopas y migas de pastor. Para la elaboración de las sopas de pastor se necesita sólo pan seco, aceite, jamón, agua y sal. En la sartén se pone aceite o manteca, se echan ajos al gusto, que se rehogan bien y tocino de jamón bien picado. Se corta el pan en sopas que se fríen en la sartén hasta que absorben la grasa. Se añade agua abundante y se dejan hervir hasta que se queden secas, formando una masa que se come bien caliente. Si sobran se pueden recalentar y aún saben mejor.

Para hacer las migas se corta el pan en hojas finas, rozando de cuando en cuando al fuego sebo y tocino en trozos menudos y un poco de aceite; una vez deshecho todo se echan las migas y se revuelven; cuando han empapado la grasa se añade un poco de agua sin dejar de revolver y cuando ya están muy calientes se comen suavizándolas con un poco de aceite crudo.


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