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Patriarca de los parque nacionales y pionero en gestionar y proteger la naturaleza, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido constituye un conjunto paisajístico de una belleza en el que se imponen elevados picos yuna gran variedad de ecosistemas, tanto de influencias atlánticas como mediterráneas, que se traduce en una flora y fauna muy rica y diversa.

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, sin duda una de las joyas naturales de nuestro territorio en la que conviven una gran variedad de especies de flora y fauna, constituye un paisaje de grandes contrastes, desde la extrema aridez de las zonas altas, donde el agua de lluvia y deshielo se filtra por grietas y sumideros, que contrasta con los verdes valles cubiertos por bosques y prados, donde el agua forma cascadas y atraviesa cañones y barrancos.

Al norte de la Península Ibérica, en plena cordillera central pirenaica y más concretamente en la histórica comarca oscense del Sobrarbe, en el Alto Aragón, nos encontramos uno de los 13 parques nacionales con los que cuenta nuestro país: el del Valle de Ordesa y Monte Perdido.

En Ordesa se puede contemplar un mosaico pleno de contrastes en su paisaje: la extrema aridez de las zonas altas, dominadas por los gigantescos macizos calcáreos, donde el agua de lluvia se filtra bajo el suelo, contrasta, en sus tonos grises y parduzcos, con los verdes valles cubiertos por frondosos bosques, donde el agua forma cascadas y atraviesa cañones y barrancos.

Extensos pastizales y bosques, violentas cascadas y pacíficos ibones (lagos típicos de los Pirineos), profundos cañones y relícticos glaciares, sin olvidarnos de su mundo subterráneo, un mundo helado, configuran todo un precioso abanico de paisajes y ecosistemas que convierten a Ordesa en un lugar excepcional, de una inagotable riqueza, alabada desde antaño por ilustres personajes y que es motivo suficiente para exigir su protección y conservación.

El Parque fue creado durante el reinado de Alfonso XIII gracias al esfuerzo de ilustres personajes, entre ellos destacar al francés Lucien Briet, quien recorrió, descubrió y fotografió estos hermosos parajes; un sencillo monumento en su honor a la vera del camino de Turieto Bajo nos recuerda este hecho.  Cuenta con unas 15.600 hectáreas tras incorporar a Ordesa las áreas del cañón de Añisclo, las gargantas de Escuaín y el Macizo del Perdido.

Sus espectaculares montañas están presididas por el Monte Perdido que con 3.355 metros es el macizo calcáreo más alto de Europa. Existen distintas versiones sobre su nombre, Monte Perdido, una de ellas, según nos cuentan los habitantes próximos al parque, es que, a pesar de ser la montaña más alta de esta cordillera, desde el país vecino, Francia no se puede ver. Por eso, cuando los franceses hacían referencia a ella, la conocían como el Monte Perdido. Desde este macizo emergen, a modo de brazos, los valles de Ordesa, Añisclo, Escuaín y Pineta, recorridos respectivamente por los ríos Arazas, Bellos, Yaga y Cinca

La gran diversidad de ambientes y paisajes convierten a Ordesa en un patrimonio natural excepcional que debe ser protegido y conservado para las generaciones venideras. De hecho, el paisaje de estos lugares ya fue en tiempo atrás ensalzado por notables personalidades como Louis Ramond de Carbonnierès, Soler i Santaló, Lucien Briet, Ricardo del Arco, Lucas Mallada, Franz Schrader y tantos otros. La aportación y el entusiasmo de estos pirineístas fue decisiva para que en 1918 Ordesa fuera declarado Parque Nacional.

En el año 1966 y con objeto de asegurar la riqueza cinegética de buena parte de la cordillera se declaran alrededor del Parque Nacional de Ordesa las Reservas Nacionales de Caza de Viñamala y de Los Circos. En 1977 pasa a formar parte de la Reserva de la Biosfera "Ordesa-Viñamala" y a finales de los 70, a raíz del proyecto de inundación del Cañón de Añisclo para su aprovechamiento hidroeléctrico, instituciones y colectivos de ciudadanos se movilizaron para salvar este enclave. Las obras se paralizaron y en 1982 el Parque Nacional se amplía y reclasifica bajo el nombre de Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, ampliándose su superficie de 2.100 a las 15.608 hectáreas actuales; comprendiendo su zona de influencia los términos municipales de Bielsa, Broto, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin y Torla.

Por el año 1988 es declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Ese mismo año obtiene el máximo galardón de la CEE "Diploma del Consejo de Europa a la Conservación", éste es renovado cada 5 años siempre que se continúe en una serie de estrictos parámetros de conservación del espacio natural, lográndose ininterrumpidamente los años 1993, 1998 y 2003. En 1997 recibe otro máximo galardón, la declaración del Parque como Patrimonio Mundial de la Humanidad, junto con los glaciares de la vertiente francesa por parte de la UNESCO.

Ordesa presenta una rica y variada diversidad de ambientes y paisajes que confieren a este extenso territorio una singularidad que le distingue respecto a otros entornos similares, y en el que sus valores naturales como son: sus procesos geológicos, sus montañas y picos, el mundo subterráneo, los ibones y glaciares, los valles, barrancos y ríos, el clima, la vegetación y los bosques, o la fauna en los distintos pisos de vegetación, son su mejor tesoro.